en estos edificios, pero es posible que, en estos casos, se usara una simple escalera de mano. En el sitio de Huánuco Viejo, solo unas pocas pequeñas porciones de los muros se han preservado lo suficiente como para poder determinar su altura original (Morris 1981: 329). Se desconoce, sin embargo, si estas qollqa tenían segundos pisos o superestructuras, como en aquellas de Ollantaytambo. Varios de los depósitos de Huánuco Viejo son circulares, con cerca de 5 metros de diámetro, y Morris los asocia con el almacenamiento de maíz. En dicho complejo, el maíz no se dejaba en mazorcas, sino que era desgranado y almacenado en vasijas cerámicas (Morris 1981: 333). Con seguridad, el maíz se cultivaba en grandes cantidades en Ollantaytambo, por lo que queda definir la manera en que fue almacenado. Por lo demás, no hay qollqa circulares en Ollantaytambo y no se encuentran fragmentos de vasijas cerámicas dentro o en las cercanías de ninguno de los depósitos. Hasta donde el autor conoce, no se han efectuado excavaciones en ninguno de los edificios del tipo 2. Por ello, su clasificación como depósitos, si bien no improbable, es, en cualquier caso, especulativa. Gasparini y Margolies consideraron que este tipo de edificio es demasiado grande para ser una qollqa, a menos que los productos almacenados en ellos necesitaran gran cantidad de ventilación (1980: 178). El diseño de las estructuras del tipo 2, con sus muros frontales y posteriores con varias aberturas y su particular ubicación en laderas empinadas, sugiere, con certeza, que estas estructuras eran particularmente ventiladas. Esta observación, aunada a la hecha por Gasparini y Margolies, llevaron al autor y a dos de sus colegas a iniciar un estudio de los patrones de flujo de aire en este tipo de edificio mediante pruebas realizadas en modelos a escala de los edificios P31, P32 y P33 en un túnel de viento de capa límite (Batson, Bocek y Protzen 1989). Las pruebas fueron realizadas en dos fases: en la primera de ellas, se realizó un análisis cualitativo de los flujos de aire a través y alrededor de los edificios, y se utilizó para ello un generador de humo, en este caso una pequeña antorcha, con la finalidad de visualizar los flujos de aire; en la segunda fase se utilizó un anemómetro de alambre caliente para medir las velocidades relativas del aire en diferentes puntos en, sobre y alrededor de los edificios. Los resultados demostraron estar, más bien, dentro de lo que no se esperaba intuitivamente. Se esperaba que, debido a la ubicación de las grandes aberturas en las partes frontales y posteriores de los edificios, el viento soplaría de manera 159
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