7 Ensayos 90 años

74 Sara Beatriz Guardia La herejía, por su parte, ha sido concebida como una forma de romper ese conjunto de ideas cerradas o herméticas24. Mariátegui rompe esta concepción al relacionar dialécticamente ambos términos. Dogma y herejía no son ya opuestos excluyentes, sino contrarios dialécticos. Mariátegui relaciona ambos términos al colocar a la herejía como una revitalizadora del dogma; asimismo, la herejía se convierte, deriva, en un dogma. No solo se trata solo de comprobar la “vitalidad” del dogma, como señala Oshiro, sino de comprender que la vida está en la interacción entre el dogma y la herejía. Asimismo, más que la “apertura” del dogma, la herejía representa su desarrollo, su “expansión”. Es en ese sentido que puede entenderse el dogma y la herejía como expresiones de la tesis y la antítesis. En un artículo titulado “El proceso a la literatura francesa contemporánea”, Mariátegui realiza una extensa re#exión sobre la relación entre el dogma y la herejía. Vamos a reproducirla in extenso para que se pueda comprender sus alcances e interpretar sus signi"caciones. En general, la fortuna de la herejía depende de sus elementos o de sus posibilidades de devenir un dogma o de incorporarse en un dogma. El dogma es entendido aquí como la doctrina de un cambio histórico. Y, como tal, mientras el cambio se opere, esto es, mientras el dogma no se transforma en un archivo o en un código de una ideología del pasado, nada garantiza como el dogma la libertad creadora, la función germinal del pensamiento. El intelectual necesita apoyarse, en su especulación, en una creencia, en un principio, que haga de él un factor de la historia y del progreso. Es entonces cuando su potencia de creación puede trabajar con la máxima libertad consentida por su tiempo […] El dogma tiene la utilidad de un derrotero, de una carta geográ"ca: es la sola garantía de no repetir dos veces, con la ilusión de avanzar, el mismo recorrido Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas). México D.F.: Facultad de Filosofía y Letras UNAM, 1995, p. 131. 24 En la introducción de su libro Itinerario y trayectos heréticos de José Carlos Mariátegui, Osvaldo Fernández señala que su abordaje de la obra del Amauta pasó por romper con la interpretación o “lectura” ortodoxa: “Pronto nos dimos cuenta que era preciso romper con este orden de argumentación, porque, al "n y al cabo, iba contra lo que el propio autor se había propuesto, y lo que nos parecía anómalo, o incómodo, eran justamente los signos de un esfuerzo por encontrar otra manera de decir, que anunciara la nueva manera de pensar”. Cf. ed. cit., p. 9. Más adelante agrega: “Mariátegui se encontró siempre frente a alguna ortodoxia que se alzaba como un obstáculo que había que traspasar para comenzar a pensar” (p.13). Fernández nos muestra la “herejía”a dos niveles: la suya, al interpretar al Amauta, y la de Mariátegui, al interpretar la realidad.

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