68 Sara Beatriz Guardia dicho texto de"ne la tradición como “patrimonio y continuidad histórica”4. Esta de"nición es la que desarrollaremos en el presente trabajo, la misma que nos permitirá hilvanar la tesis indicada en la introducción. Sin embargo, más adelante, Mariátegui a"rmará la di"cultad de resumir el signi"cado de la tradición en una única fórmula conceptual. La tradición, en tanto, se caracteriza precisamente por su resistencia a dejarse aprehender en una fórmula hermética. Como resultado de una serie de experiencias (…) la tradición es heterogénea y contradictoria en sus componentes. Para reducirla a un concepto único, es preciso contentarse con su esencia, renunciando a sus diversas cristalizaciones5. La observación de Mariátegui nos advierte de la imposibilidad de captar todo el fenómeno de la tradición en un solo concepto. No solo señala que está compuesto por elementos heterogéneos sino, incluso, contradictorios. ¿Cómo poder asumir una de"nición de la tradición en estas circunstancias? Consideramos que para lograrlo, debemos optar por una de"nición “viva y móvil”, es decir, tratar de aprehender conceptualmente la mayor cantidad de expresiones o “cristalizaciones” de la tradición. Por otra parte, en el artículo “La tradición nacional”, Mariátegui a"rma que “la tradición tiene siempre un aspecto ideal –que es el fecundo como fermento o impulso de progreso o superación– y un aspecto empírico, que la re#eja sin contenerla esencialmente”6. Aquí precisa un doble aspecto de la tradición: uno ideal y otro empírico. El aspecto ideal de la tradición es el elemento que motiva el progreso o la superación. El aspecto empírico, es decir, la expresión concreta y determinada, re#eja la forma del ideal sin poder llegar a manifestar su esencia. Hasta aquí, podemos señalar los siguientes elementos en la concepción mariateguiana de la tradición. La tradición es de"nida como patrimonio y continuidad histórica en constante movimiento y cambio. Esta de"nición trata de abarcar el fenómeno de la tradición en sus diversos matices o cristalizaciones, pero no llega a contemplar todo el fenómeno. Es, sin embargo, el mejor intento. 4 Mariátegui, José Carlos. Peruanicemos al Perú, ed. cit., p. 117. 5 Mariátegui, José Carlos. Peruanicemos al Perú, ed. cit., p. 118. 6 Mariátegui, José Carlos. Peruanicemos al Perú, ed. cit., p. 123. A continuación, reitera el carácter dinámico de la tradición al señalar que “está siempre en crecimiento bajo nuestro ojos, que tan frecuentemente se empeñan en quererla inmóvil y acabada”.
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