7 Ensayos 90 años

50 Sara Beatriz Guardia razón para que emplees tu ocio en un asunto tan frívolo y tan baladí”.22 Conocerse para conocer el mundo es quizá el punto de Arquímedes desde donde se pretende mover al mundo. Esta manera de concebir la vida y la obra como una misma cuestión Mariátegui la va a tomar de un autor más beligerante que Montaigne, de Friedrich Nietzsche. Vale la pena señalar que no hay que tomarse lo dicho por Montaigne al pie de la letra pues como bien señala Juan José Arreola, la exaltación del yo en Montaigne tiene es una necesidad pues a través de un “yo autentico, suele abrirse paso la humanidad”.33 Como sabemos esta búsqueda de lo auténtico esta potenciada en Nietzsche como voluntad de poder, pero más allá de las lejanías y cercanías, Mariátegui no oculta su intención, sino que la pone por delante: Muchos proyectos de libro visitan mi vigilia; pero sé por anticipado que sólo realizaré los que un imperioso mandato vital me ordene. Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de –también conforme un principio de Nietzsche— meter toda mi sangre en mis ideas [… y más adelante] Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano. Estoy lo más lejos posible de la técnica profesional y del espíritu universitario.44 Desde este despliegue de la subjetividad combatiente se puede ver que el discurso de Mariátegui es un discurso de intervención –de intervención política para ser más precisos. Así, esto que Mariátegui reclamaba que se le leyera con fe combativa, ha dado como resultado que su recuperación sea igualmente una recuperación siempre intervenida por una determinada postura teórica y/o política. Incluso en su tardía difusión podemos ver esa omisión como parte de un debate con las tradiciones teórico-políticas de su tiempo como el comunismo y el civilismo. Podríamos decir que después de la década de los sesenta, que se va a generalizar su difusión, siempre hubo la necesidad de ubicar a Mariátegui con la tradición política revolucionaria de ese tiempo y con su "gura histórica como movimiento obrero, es pues ese el sentido de un texto como el que elaborará Aníbal Quijano en 1979 con el sugerente título de “Encuentro y debate”. ¿Encuentro 2 Michel de Montaigne, Ensayos escogidos, México, UNAM, 2018, p. 31. 3 Juan José Arreola, “Prólogo”, en Michel de Montaigne, Ibíd., p. 16. 4 José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, México, ERA, 1979, p. 13 y 14.

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