466 Sara Beatriz Guardia situación, condición y problema de los pueblos y comunidades indígenas y, en general, la cuestión indígena en América Latina, eran considerados como invisibles y, por lo tanto, no eran “vistos” como factores y/o actores sociales de importancia alguna para la lucha revolucionaria de liberación nacional y, ni mucho menos, pensar en su incorporación y participación en la lucha por el socialismo. Como bien lo explican, en tiempos, espacios y contextos históricos diferentes, José Carlos Mariátegui y Pablo González Casanova. Así, José Carlos Mariátegui, en una certera crítica y contundente denuncia a aquellos intelectuales de izquierda y socialistas que aplican el marxismo en América Latina, o cualquier otra región del mundo, como un cuerpo de principios y consecuencias rígidas, e iguales para todos los climas, latitudes y geografías nacionales y para todas las sociedades, dice: “El socialismo era una doctrina internacional; pero su internacionalismo concluía en los con"nes de Occidente, en los límites de la civilización occidental. Los socialistas, los sindicalistas, hablaban de liberar a la humanidad; pero, prácticamente, no se interesaban sino por la humanidad occidental. Los trabajadores occidentales consideraban tácitamente natural la esclavitud de los trabajadores coloniales. Hombres occidentales, al "n y al cabo, educados dentro de los prejuicios de la civilización occidental, miraban a los trabajadores de Oriente como hombres bárbaros. Todo esto era natural, era justo. Entonces la civilización occidental vivía demasiado orgullosa de sí misma. Entonces no se hablaba de civilización occidental y civilizaciones orientales, sino se hablaba de civilización a secas. Entonces la cultura imperante no admitía la coexistencia de dos civilizaciones, no admitía la equivalencia de civilizaciones, ninguno de esos conceptos que impone ahora el relativismo histórico. Entonces, en los límites de la civilización occidental, comenzaba la barbarie egipcia, barbarie asiática, barbarie china, barbarie turca. Todo lo que no era occidental, todo lo que no era europeo, era bárbaro. Era natural, era lógico, por consiguiente, que dentro de esta atmósfera de ideas, el socialismo occidental, y el proletariado occidental, hubiesen hecho del internacionalismo una doctrina prácticamente europea también. En la Primera Internacional no estuvieron representantes sino trabajadores europeos y trabajadores norteamericanos. En la Segunda Internacional ingresaron las vanguardias de los trabajadores sudamericanos y de otros trabajadores incorporados en la órbita del mundo europeo, del mundo occidental…un fenómeno de la civilización y de la sociedad europeas…porque la doctrina socialista, la doctrina proletaria, constituían una creación, un producto de la civilización europea y occidental…La lucha social no tiene, pues, el mismo carácter en los pueblos de Occidente y en los pueblos de Oriente. En los pueblos de Oriente, sobrevive hasta el régimen esclavista. Los problemas de los pueblos de Oriente son diferentes de los pueblos de Occidente. Y la doctrina socialista, la
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx