462 Sara Beatriz Guardia pueblo mismo hasta el Ayllu, que fue el núcleo de la organización social, política y económica de la sociedad Inca. En 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, Mariátegui dice: “Hasta la Conquista se desenvolvió en el Perú una economía que brotaba espontánea y libremente del suelo y la gente peruanos. El Imperio de los Inkas, agrupación de comunas agrícolas y sedentarias, lo más interesante era la economía. Todos los testimonios históricos coinciden en la aserción de que el pueblo inkaico –laborioso, disciplinado, panteísta y sencillo- vivía con bienestar material. Las subsistencias abundaban; la población crecía. El imperio ignoró radicalmente el problema de Malthus. La organización colectivista, regida por los Inkas, había enervado en los indios el impulso individual; pero había desarrollado extraordinariamente en ellos, en provecho de este régimen económico, el hábito de una humilde y religiosa obediencia a su deber social. Los Inkas sacaban toda la utilidad social posible de esta virtud de su pueblo, valorizaban el vasto territorio del Imperio construyendo caminos, canales, etc., lo extendían sometiendo a su autoridad tribus vecinas: El trabajo colectivo, el esfuerzo común, se empleaba fructuosamente en "nes sociales.”28 Sin embargo, la conquista española no sólo destruyó el complejo sistema social y de producción de Perú y de América Latina en general, sino, de acuerdo con Mariátegui, la conquista supuso un cataclismo que rompió y desarticuló a la identidad y a la cultura latinoamericana, sin que éstas fueran remplazadas, articuladas o respetadas como formas de vida y existencia. Mariátegui señala: “Los conquistadores españoles destruyeron, sin poder naturalmente reemplazarla, esta formidable máquina de producción. La sociedad indígena, la economía incaica, se descompusieron y anonadaron completamente al golpe de la Conquista. Rotos los vínculos de su unidad, la nación se disolvió en comunidades dispersas. El trabajo indígena cesó de funcionar de un modo solidario y orgánico. Los conquistadores no se ocuparon casi sino de distribuirse y disputarse el pingüe botín de guerra. Despojaron los templos y los palacios de los tesoros que guardaban; se repartieron las tierras y los hombres, sin preguntarse siquiera por su porvenir como fuerza y medios de producción.”29 28 José Carlos Mariátegui. Siete Ensayos...op. cit., Pág. 17. 29 Idem. Pág. 18.
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