368 Sara Beatriz Guardia como Georges Sorel, refuta las ilusiones del progreso. Dos corrientes románticas que rechazan esta “plana y cómoda” ideología positivista, enfrentando en una lucha a muerte: el romanticismo de la derecha, fascista, que quiere retornar a la Edad Media, y el romanticismo de la izquierda, comunista, que quiere avanzar hacia la utopía. Despertadas por la guerra, las “energías románticas del hombre occidental” encontraron su expresión en la Revolución Rusa, que logró dar a la doctrina socialista “un alma combatiente y mística”13. En otro artículo “programático” de la misma época, “El Hombre y el mito”, Mariátegui se regocija ante la crisis del racionalismo y el colapso del “mediocre edi"cio positivista”. Ante el “alma desencantada” de la civilización burguesa, que habla Ortega y Gasset, hizo suya el “alma encantada” (Romain Rolland) de los creadores de una nueva civilización. El mito (en el sentido soreliano) es su respuesta a la l’entzauberung der Welt (Weber) y a la pérdida de sentido en ese asombroso pasaje, pleno de exaltación romántica que parece pre"gurar la teología de la liberación: “La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método, de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Qué incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito. La emoción revolucionaria, como escribí en un artículo sobre Gandhi, es una emoción religiosa. Los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra. No son divinos; son humanos, son sociables”14. Este es un enfoque único, que no tiene analogías con la propuesta de Walter Benjamin en sus Tesis de 1940, de restaurar el poder mesiánico y, por lo tanto revolucionario, del materialismo histórico mediante una asociación con la teología. Es principalmente a causa de sus análisis y propuestas sobre el Perú, que Mariátegui fue tratado por sus censores ideológicos, como un pensador “romántico”. En primer lugar, porque no aceptó la tesis del Komintern según la cual una transformación “democrático-burguesa y anti feudal” - es decir una forma de progreso capitalista - era una etapa necesaria para resolver los urgentes problemas de las masas populares, especialmente campesinos, en el Perú. Por 13 J.C. Mariátegui, “Dos concepciones de la vida”. El Alma Matinal, Lima, Ediciones Amauta, 1971, pp. 13-16. 14 J. C. Mariátegui, “El Hombre y el Mito”, 1925, El Alma Matinal, pp. 18-22.
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