362 Sara Beatriz Guardia La "losofía de la historia de Hegel representa una versión más dialéctica del dogma “progresista”. Hegel reconoce que la historia aparece, a primera vista, como un inmenso campo de ruinas donde resuenan “las lamentaciones sin nombre de los individuos”, un altar donde “se sacri"caba la felicidad de los pueblos ... y la virtud de los individuos” . Frente a esta “imagen aterradora”, frente al “espectáculo distante de la masa confusa en ruinas”, uno estaría inclinado a “un dolor profundo, inconsolable, que nada puede apaciguar”, una profunda rebelión y a#icción moral. Sin embargo, debemos ir más allá de este “primer balance negativo” y superar estas “re#exiones sentimentales” para comprender lo esencial, es decir, que estas ruinas no son sino medios al servicio del destino sustancial, el “ verdadero resultado de la historia universal”: la marcha de la Razón, la realización del Espíritu universal22. Se encuentra un eco de este “ardid de la Razón (List der Vernunft) hegeliano en ciertos textos de Marx, por ejemplo, sobre la colonización de las Indias. Por otro lado, el capítulo sobre la Acumulación Primitiva del Capital está muy lejos de esta visión de la temporalidad histórica como un Progreso inevitable. Esto no impide que predomine en el marxismo del siglo XX, ya sea en su forma socialdemócrata o comunista (estalinista). Walter Benjamin, el judío de cultura alemana, y José Carlos Mariátegui, el brillante intelectual peruano, representan dos visiones disidentes en el campo del marxismo. Ambos pertenecen a universos geográ"cos, culturales e históricos muy diferentes, y cada uno ignoraba los escritos del otro. Benjamin no conocía nada sobre el marxismo latinoamericano, y Mariátegui conocía bien la cultura marxista europea, pero no leía alemán. A pesar de esta distancia, tienen muchos elementos comunes: podemos hablar de una verdadera a"nidad entre sus pensamientos. Ambos comparten una crítica romántica de la civilización occidental moderna y un rechazo al dogma del progreso en la historia; nos ocuparemos aquí especialmente de este aspecto, pero también tienen otras convergencias: adhesión (en una forma poco ortodoxa) a las ideas comunistas, simpatía por la "gura de León Trotsky, un gran interés por Georges Sorel, una verdadera fascinación por el surrealismo y una visión “religiosa” del socialismo. Esta a"nidad es aún más asombrosa porque, como hemos señalado, no hay ninguna “in#uencia” de uno sobre el otro. El objetivo de Walter Benjamin (1892-1940) es profundizar y radicalizar la oposición entre el marxismo y las "losofías burguesas de la historia, agudizar su 2 Hegel, La Raison dans l’Histoire. Introduction à la Philosophie de l’Histoire, Paris, 10/18, 1965, p.103.
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