7 Ensayos 90 años

36 Sara Beatriz Guardia envuelve varias dimensiones más allá de la materialidad propiamente. Mariátegui observó, en su época, la persistencia del ayllu, expresión del espíritu comunal que se mantuvo en los Andes a pesar de la Conquista y del régimen de los gamonales: As comunidades baseiam-se na propriedade comum das terras em que vivem e cultivam e preservam, por pactos e os laços de consanguinidade que unem entre si as diversas famílias que formam o ayllu. As terras cultiváveis e pastos que pertencem a todo o ayllu, ou seja, o conjunto das famílias que formam a comunidade. (...) cada família possui um pedaço de terra que cultiva, mas que não pode vender porque não lhe pertence: é da comunidade” (Mariátegui, Lowy,1999: p.111) Es cierto que hay diferencias grandes entre los pueblos indígenas de Perú y los de Brasil: en gran medida, las etnias brasileñas son de pueblos cazadorescolectores, distinto de los quechuas, que se dedicaban a la agricultura y al pastoreo, cerca de los campesinos. Los Mbya Guaraní son pueblos de marcada movilidad, alimentada por el mito de la Tierra sin Males (Yvy Marãey), que estaría cerca del litoral atlántico. El desarrollo de sus técnicas agrícolas estuve siempre sometido a una dinámica de desplazamientos, diferentemente de otros grupos étnicos del tronco tupí-guaraní, que tuvieron en su trayectoria reciente la experiencia de las reducciones jesuíticas. La migración y la movilidad son rasgos típicos de los Mbya Guaraní, e eso, en los contextos actuales, incluye permanentes intercambios entre las comunidades. Las constantes visitaciones entre las “aldeas” refuerza los lazos de reciprocidad, con intercambios de semillas, plantas, conocimientos adquiridos, artefactos, que circulan y son compartidos. (Darella e Litai%, 2000) Los guaraníes son un pueblo extremamente religioso, siendo impensable pensar en su organización social y política de una manera aislada de sus creencias religiosas. La jefatura de las comunidades está escindida, en general, entre el cacique (jefe político, obligatoriamente hablante del portugués) y el del paje-rezador (xeramoi)- anciano con poderes chamánicos. La política y la espiritualidad son muy cercanas: los caciques difícilmente toman una decisión sin antes consultar los xeramoi; estos, a su vez, buscan la orientación de la deidad, Nhanderu, en rituales especí"cos. Así que es normal que decisiones políticas requieran un tiempo poco conocido de los djuara: la temporalidad de consultación a Nhanderu y a los demás ancianos es fundamental. Otro aspecto presente es la manera “ecológica” de concebir la relación entre “naturaleza” y “cultura”, algo que entre los guaraníes tradicionales es resigni"cada en el contexto de las relaciones con sus aliados, indigenistas y ecologistas. La noción andina de la Pachamama, recientemente difundida entre los guaraníes, hace todo sentido, una vez que no comprende los “recursos naturales” como objetos

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