353 Ponencias del Simposio Internacional 7 ensayos | 90 años La tercera se presenta abiertamente como imposibilidad física, jurídica, subjetiva, puesto que a) en lo personal, las pruebas que Canella tiene de su existencia se basan en su paso por la policía de Turín, como Bruneri, acusado de estafa; b) en lo social, porque para que el reconocimiento de su identidad fuera pleno, el entorno (que, como público de la novela, impone su código de verosimilitud) debería otorgárselo abiertamente, cosa que no sucede sino con reticencia. Más que eso, la falta de convicción en otorgarle públicamente el reconocimiento de su identidad dice respecto al modo como esa sociedad está siendo administrada en ese momento desde el estado por el fascismo. El capítulo XVII es ejemplar en la lectura que realiza de los vínculos existentes entre literatura y política; policía y psiquiatría; ley y política y la semejanza de los métodos que cada uno de esos ámbitos de la vida social adopta. En suma, el fascismo representa la imposición de un modelo único que oblitera la posibilidad de realizar lecturas diversas sobre la historia, al tiempo que, paradójicamente, se reconoce como marca predominante del líder su carácter cambiante. El modo de existencia jurídica de esta sociedad torna la vida privada y la pública irreconciliables. En ese cuadro, las temporalidades vivenciales distintas de los Canella constituyen un drama sin "n en el que la historia y la verdad subjetiva están por de"nición en campos opuestos. Aparece entonces la remisión a Pirandello y a su perspectiva en relación con el carácter inverosímil que revestiría una novela de amor contemporánea. En el último capítulo de la novela, el caso judicial permanece abierto. El positivismo institucionalizado por el régimen es considerado el gran enemigo de la subjetividad. En ese contexto, las marcas que un individuo puede dejar en el mundo son aquellas que de"nen las "chas y registros que la policía y otras instituciones del estado producen sobre él (el tipógrafo, el soldado amnésico, el estafador, el suicida), pero no las huellas que el sujeto produce por sí mismo, en términos de una memoria subjetiva. Así, en la perspectiva de Mariátegui, si la policía construye un archivo institucional que, operando con evidencias cientí"cas (dactilares, pero también el testimonio como narración a la que se imprime un estatuto de fe jurídica), da como resultado una "cción; Giraudoux articula una "cción que, operando con intuiciones, afectos, la psicología individual, compone un archivo que, al mismo tiempo, elabora un relato más atento a las paradojas, ambigüedades y heterogeneidades individuales y sociales y, por lo mismo, se aproxima más a la verdad. Consecuentemente, si la policía hubiera leído "cción —el Siegfried de Giraudoux—, habría llevado el caso del profesor Canella a un desenlace más acorde con el contenido de verdad cifrado y respaldado por la experiencia vital. En tal sentido, Mariátegui
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