7 Ensayos 90 años

352 Sara Beatriz Guardia dar sentido y orden a los signos que se acumulan en el espacio urbano. De la biografía de la ciudad a la historia política y de ésta al esfuerzo por recomponer una memoria personal, autobiográ"ca, la primera anagnórisis turbia e incompleta de Canella se producirá, no por la percepción directa de ese espacio, sino por su aprehensión mediada por el arte. En efecto, la errancia se interrumpe por la crisis desatada al llegar a orillas de “un canal pintado en un cuadro de Pettoruti” 12 (p. 58). Aliteración truncada, canale-Canella, el #ujo de “aguas grises, sólidas, calladas” (p. 58) representa una disonancia en relación con las posibilidades abiertas por el #ujo proustiano, postulando la existencia de distintas vivencias sociales de la memoria en el período de posguerra.13 La búsqueda sin éxito de recomponer la memoria pone en crisis al profesor, llevándolo a una nueva evasión, esta vez de la razón, que lo impele a desprenderse de los papeles que le imponen una identidad en la que no consigue reconocerse. Luego de arrojar sus documentos al canal sobreviene el impulso a la última evasión, la de la vida, presentada aquí en referencia a la perspectiva que sobre ella daba en la época Panait Istrati: la interpretación del suicidio como deseo de renacimiento. A partir de este momento, entre los capítulos XIV a XVIII, la novela "gura diversas posibilidades de la anagnórisis, siempre transitorias y parciales, pues funcionan también como recusa al cierre del relato (y del caso), especialmente en el sentido de su asociación con el resultado (e"caz) de un esfuerzo de la razón. En otras palabras, en el plano de la poética, la peripecia se articulará como recusa de la validez de la función tradicional de la anagnórisis en los relatos clásicos. La primera que sucede al intento de suicidio se procesará, de modo diferido, a partir del manicomio en el que el “smemorato” ha sido internado y al que acudirá Giulia Canella, movida por el “reconocimiento” de la identidad de su marido en la foto publicada en la prensa por el médico que lo atiende. La segunda, progresiva, se procesará en la aceptación/reconocimiento inestable, por parte de Canella, de Giulia como su esposa, de la villa en la que ella vive como su casa, y de la biblioteca doméstica como aquella que él formara sin, entretanto, recuperar por esfuerzo personal la conciencia de su profesión anterior. 12 Mariátegui había conocido a Pettoruti en Milán, en 1920. Ver al respecto, “El pintor Petto Ruti”. Variedades, 12/dic/1925. Reprod. en El alma matinal..., p. 271-274. 13 Sobre la imposibilidad de construcción de un relato que dé cuenta de la experiencia del frente de guerra, ver el conocido ensayo de Walter Benjamin, “Experiência e pobreza”.

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