337 Ponencias del Simposio Internacional 7 ensayos | 90 años dar de nuevo una paria a los que, conquistados y sometidos por los españoles, la perdieron hace cuatro siglos y no la han recuperado todavía. (Mariátegui, 1925: 102) La literatura revolucionaria colaboró en pensar en una nueva nación, la literatura no revolucionaria colaboró en invisibilizar la nación: …una nueva escuela, una nueva tendencia literaria o artística busca sus puntos de apoyo en el presente. Si no los encuentra parece fatalmente. En cambio las viejas escuelas, las viejas tendencias se contentan de representar los residuos espirituales y formales del pasado… (Mariátegui, 1925: 103) Claro está en esta frase que la nación vivió en los precursores del porvenir y no en los del pasado, y los literatos de los 20 tuvieron presente la nación que quisieron y que debieron construir, pero los literatos anteriores no. La nueva forma de escribir requirió de quienes lo hacían un nuevo espíritu. No se podía seguir siendo nostálgicos con el pasado: “La nostalgia del pasado es la a"rmación de los que repudian el presente. Ser retrospectivos es una de las consecuencias naturales de ser negativos” (Mariátegui, 1925:29) La literatura peruana cuando tuvo carácter conservador y académico no pudo ser nacional, no pudo ser peruana. El cambio empieza, como dijimos, con el movimiento Colónida para Mariátegui, y en el cual él también estuvo presente un tiempo. Los literatos de ese movimiento, entre ellos el amauta y Valdelomar, supieron aunar el sentimiento nacional, con el proyecto de nación pensado, con los subalternos incorporados y reconocidos y con la sierra y costa también puestas en igualdad de condiciones en el momento de construir a la nación integral. En ese tiempo también y con grandes méritos, se rescata a Cesar Vallejo, con su gran arte indígena y su incomparable reivindicación de lo original. Las tradiciones en la literatura y en la historia siempre buscaron recuperar el pasado, pero no con sentimiento pasadista sino futurista; recuperar los orígenes para construir un Perú integral. Como expresamos en líneas anteriores, los subalternos y la realidad no siempre tuvieron lugar en la literatura pero tampoco lo tuvieron en las acciones colectivas existentes y diseñadas desde el los gobiernos y desde los intelectuales. Con la nacional empezaron a visualizarse en mayor medida, y sobre todo con la generación indigenista. Ese momento es a la vez importante desde otras variables. A principios del siglo XX, la desestructuración que acechaba al Perú desde la época de la conquista se había prolongado durante cuatro siglos y había llegado
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