26 Sara Beatriz Guardia compromiso, una "losofía, una elección, una responsabilidad y una trascendencia dialéctica. Tanto el marxismo como el psicoanálisis tienen indudablemente fuentes instintivas y primitivas, pero también experiencias sustentadas en prioridades existenciales, discriminando su verdadera esencia revolucionaria que no puede reducirse a una simple neurosis social. La revolución está impregnada de sexualidad y no excluye aspectos de naturaleza tanática ni ideológica vivencial. El marxismo para Mariátegui es una especie de psicoanálisis del espíritu socio político. Cuando habla acerca de su amor a la aventura del conocimiento lo equipara a la aventura de la conquista amorosa. Su obra es algo más que la aplicación del marxismo y trasciende su aporte fundamental. Esto es debido a que en el creador lo esencial está situado en aquel espacio frente a lo inesperado que es donde surge lo nuevo, lo que no se conocía y donde se produce una experiencia de mutualidad que podría estar vinculada a un orgasmo existencial frente al propio descubrimiento de uno o al descubrimiento mutuo con el otro. Este descubrimiento va a generar un vínculo con el pasado, con el recuerdo, con el origen y la naturaleza de su esencia, de sus atributos y cualidades fundamentales; de su inspiración y de lo que la nutre, de aquello que la forma, de su identidad, de lo que la distingue y diferencia en su amplitud, en su vitalidad, en su tiempo, su ritmo y su estilo. Mariátegui no sigue una reglamentación académicamente explícita, no ha elaborado un manual metodológico, una teoría expresa, un abc para el análisis correcto, un deber ser epistemológico. Su contribución no es un tratado sistemático sino un libro vivo donde la ideología y la ciencia política son respuestas a una conjunción de lo inmediato, de lo real, de lo presente, que funde lo mítico, lo artístico creativo y el elemento doctrinal y racional representando plástica y antropomór"camente cualidades idiosincrásicas de una persona que quiere dar forma más tangible a la pasión política. Es sorprendente que un hombre de la capacidad de abstracción conceptual de Mariátegui en su búsqueda de la voluntad colectiva elija lo empírico no lo teórico sino lo experimentador. La naturaleza asistemática y viva de su obra, su forma dramática y mitológica plantean una tarea imprevisible. No basta con hacer explícita su sustancia singular, ya que esta no depende de la objetividad en la representación sino de su participación íntima, subjetiva y personal, eliminando toda media-
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