7 Ensayos 90 años

24 Sara Beatriz Guardia El con#icto entre los invasores y los invadidos no se ha resuelto completamente; la única posibilidad es restituir al invadido con justicia auténtica la plenitud de sus derechos autóctonos, la recuperación de la lengua quechua y aimara y la posibilidad de ejercer una identidad bicultural. Se trata de mirar el fondo, reconociendo los prejuicios, que el enemigo está dentro de uno mismo, que el problema no es exclusivamente racial, fenomenológicamente hablando, el problema es de la raza del espíritu, es diferenciar a la persona en su profundidad. ¿Cómo recuperar frente a la miseria, a la privación cultural, afectiva, ética y emocional la posibilidad de una identidad plena? ¿Cómo poder desinfectar, desintoxicar y curar un proceso social anómalo en todas las esferas y clases y lograr una auténtica recuperación? El trauma de la conquista ha continuado debido a sistemas injustos, utilitarios, perversos, deformantes y a la desnaturalización claudicante, demagógica y falsa. Mariátegui no toma en cuenta a los #uctuantes ni a los desganados que son como gérmenes infectantes, debilitantes y deteriorantes que por prevención es preferible excluirlos o permitir que se vayan. Se inclina por una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Concibe una cultura y un arte agnósticos. Soy consciente de la importancia del vínculo primigenio entre Mariátegui y el psicoanálisis, su desarrollo, valoración y sustento. En el primer número de la revista Amauta publica Resistencias al psicoanálisis que podrían traducirse en profundidad como resistencias al inconsciente, reconociendo a Freud como el revolucionario del alma humana, con quien se emparentaba dialécticamente manteniendo su identidad, autonomía y diferencia; aspectos comunes a la ideología mariateguista y a la freudiana en la esencia y la expresión profunda que se sustenta en su "losofía, praxis y en lo que denomino ideología inconsciente. Creía en la tolerancia de las ideas, manteniendo las discrepancias y las diferencias. Como psicoanalistas descubrimos que muchas veces rechazamos ideas de otros porque no nos gustan en nosotros mismos, sin que esto quiera decir que no seamos consecuentes y sin que la tolerancia se confunda con mediatizaciones, claudicaciones, confusiones que no permitan distinguir lo propio de lo ajeno, lo auténtico de lo impostado y lo genuino de lo falso. De no utilizar una dialéctica discriminativa, validando la ideología propia, corremos el riesgo de una idealización, de un no reconocimiento del otro o de una limitación en la posibilidad de integrar aspectos positivos.

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