206 Sara Beatriz Guardia Como se observa, Locke le otorga a la naturaleza un escaso valor y está convencido que es el trabajo del hombre lo que le da valor a las cosas. Con respecto a la propiedad de la tierra escribe: “Mas, como la cuestión principal acerca de la propiedad no se re"ere hoy día [siglo XVII] a los frutos de la tierra ni a las bestias que en ella habitan, sino a la tierra misma al ser ésta la que contiene y lleva consigo todo lo demás, diré que la propiedad de la tierra se adquiere también, como es obvio, del mismo modo [por el trabajo] que en el caso anterior. (...) Este derecho suyo no quedará invalidado diciendo que todos los demás tienen también un derecho igual a la tierra en cuestión y que, por lo tanto, él no puede apropiársela, no puede cercarla sin el consentimiento de todos los demás comuneros, es decir, del resto de la humanidad.”41 Locke persiste: “Tampoco es tan extraño como quizá pudiese parecerlo a primera vista el hecho de que el trabajo sea capaz de dar más valor a la tierra que cuando ésta era comunal; pues es el trabajo lo que introduce la diferencia de valor en todas las cosas. (...). Pues si estimamos justamente las cosas tal y como nos llegan para nuestro uso, y sumamos los diversos gastos que se han invertido en ellas, esto es, lo que estrictamente deben a la naturaleza y lo que deben a nuestro trabajo, nos daremos cuenta de que en la mayor parte de ellas el noventa y nueve por ciento debe atribuirse a nuestro esfuerzo.”42 Y más adelante dice: “gran parte de su valor (de la tierra] lo reciben del trabajo humano que se ha invertido en ellos.”43 Locke logra conectar sus teorías de la propiedad y del trabajo valiéndose por un lado de “la razón” y por otro de “la revelación”. Aquí cabe resaltar su destreza al tomar en cuenta el tema del trabajo, pues para los religiosos protestantes de su época el trabajo era muy preciado y en el caso de los puritanos un deber. “Dios, cuando dio el mundo comunitariamente a todo el género humano, también le dio al hombre el mandato de trabajar; y la penuria de su condición requería esto de él. Dios, y su propia razón, ordenaron al hombre que éste 41 Op. cit. §32. 42 Op. cit. §40. 43 Op. cit. §42.
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