7 Ensayos 90 años

128 Sara Beatriz Guardia del indígena. Para a"rmar la supervivencia de este tipo de relaciones sociales Mariátegui, en los 7 Ensayos, se apoya en los estudios de H. Castro Pozo de quien cita la siguiente descripción del trabajo colectivo: “la costumbre ha quedado reducida a las mingas o reuniones de todo el ayllu para hacer gratuitamente un trabajo en el cerco, acequia o casa de algún comunero, el cual quehacer efectúan al son de arpas y violines, consumiendo algunas algarrobas de aguardiente de caña, cajetillas de cigarros y mascadas de coca” (Mariátegui, 1994: I, 39). Las relaciones de solidaridad y cooperación aparecen determinadas por valores y modelos de conducta -un mundo subjetivamente compartido- y que había quedado profundamente incorporado en la vida cotidiana, transmitido de generación en generación. Por eso, fue posible que aunque hubieran desaparecido las relaciones materiales de propiedad comunitarias, las relaciones de solidaridad y de cooperación pudieron haberse mantenido. E, inclusive, se han recreado en formas de propiedad diferentes como las de tipo cooperativo, demostrando la fuerza de ese mundo moral. Sobre este tema Mariátegui escribió: “Por esto, en las aldeas indígenas en donde se agrupan familias entre las cuales se han extinguido los vínculos del patrimonio y del trabajo comunitarios, subsisten aún, robustos y tenaces hábitos de cooperación y solidaridad que son la expresión empírica de un espíritu comunista. La “comunidad” corresponde a este espíritu. Es su órgano. Cuando la expropiación y el reparto parecen liquidar la “comunidad”, el socialismo indígena encuentra siempre el medio de rehacerla, mantenerla o subrogarla (Mariátegui, 1994: I, 38-39). Creo que dos ideas son importantes en este texto. Por una parte, la percepción de la desaparición casi total de la propiedad en común en el Perú de los años veinte. Lo que sobrevivía era, más bien, un “espíritu”, una mentalidad. Por otra, la fuerza moral de esa mentalidad capaz de recrear nuevas formas de relaciones materiales. “La vitalidad del comunismo indígena – escribió Mariátegui comentando una observación de H. Castro Pozo- impulsa invariablemente a los aborígenes a variadas formas de cooperación y asociación” (Mariátegui, 1994: I, 38). En este sentido, se puede a"rmar que Mariátegui advertía en el mundo andino la presencia de relaciones sociales coordinadas por los mecanismos de la solidaridad. Si esta lógica tenía un ámbito reducido se debía al predominio, en el conjunto de la sociedad, de un sistema basado en la explotación económica y la dominación política. Libre de esas constricciones externas esas relaciones constituirían el fundamento de una nueva sociedad.

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