127 Ponencias del Simposio Internacional 7 ensayos | 90 años estaban en el futuro; cifraba sus ilusiones en la posibilidad de integrar todo aquello que otras tradiciones podrían ofrecer a la liberación de la opresión. Por eso le interesaba lo que había quedado de pasado precolonial. Y del pasado había sobrevivido el indio quien “representa un pueblo, una raza, una tradición, un espíritu” (Mariátegui, 1994: I, 149). El Amauta sostenía la idea de que la civilización incaica había desaparecido; pero el espíritu de ese pueblo se mantenía vivo en el indio. Ciertamente, es una idea plausible para comprender cómo una sociedad destruida pudo convertirse en la fuente de energía del “mito” socialista. La civilización andina habían desaparecido; pero el “complejo fondo de creencias, mitos, y sentimientos, que se agita bajo las creaciones materiales e intelectuales” (Mariátegui, 1994: I, 154) logró sobrevivir. El sentido de la existencia del pueblo andino se mantenía en la capa más profunda del indio. La siguiente a"rmación de los 7 Ensayos precisa bien esta idea: “Hay épocas en que parece que la historia se detiene. Y una misma forma social perdura, petri"cada, muchos siglos. No es aventurada, por lo tanto, la hipótesis de que el indio en cuatro siglos ha cambiado poco espiritualmente. La servidumbre ha deprimido, sin duda, su psiquis y su carne. Le ha vuelto un poco más melancólico, un poco más nostálgico. Bajo el peso de estos cuatro siglos, el indio se ha encorvado moral y físicamente. Mas el fondo oscuro de su alma casi no ha mudado” (Mariátegui, 1994: I, 150-151). En este suelo es donde Mariátegui encontró sedimentado el sentido de la existencia que tenía el pueblo andino. Toda una red simbólica e institucional lo expresaba y lo reproducía cuando encontraba condiciones adecuadas para a"rmarse: en el trabajo y en la propiedad colectiva, en la organización social de la comunidad y en el arte y la literatura. Es la sabia que nutría, por ejemplo, la poesía de César Vallejo, o la pintura de José Sabogal. Mariátegui de"nía este espíritu indígena sobreviviente como un “estilo” particular de vida. “La vida del indio tiene estilo -escribió-. A pesar de la conquista, del latifundio, del gamonal, el indio de la sierra, se mueve todavía, en cierta medida, dentro de su propia tradición. El “ayllu” es un tipo social bien arraigado en el medio y la raza”(Mariátegui, 1994: I, 154). Este sentido de la vida, este“estilo”-me parece- se expresa bien en dos tipos de relaciones: las que el indígena mantiene con los otros individuos y las que mantiene con la naturaleza. Las relaciones entre los miembros de la comunidad se rigen por la reciprocidad. Esta implica el intercambio que establecen los individuos en las diversas esferas de la vida social (trabajo, "estas). Este dar-recibir traduce el “espíritu comunista”
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