7 Ensayos 90 años

129 Ponencias del Simposio Internacional 7 ensayos | 90 años El otro aspecto característico del “estilo” del espíritu andino, Mariátegui lo notaba en la relación entre el indio y la naturaleza. En el comentario que hizo al libro de Luis E. Valcárcel De la vida inkaica, consideraba la existencia de una dualidad en “la historia y el alma” peruanas, pues el “sentimiento indígena que sobrevive en la sierra [está] hondamente enraizado en la naturaleza”(Mariátegui, 1994: I, 304). Concebía la sociedad incaica como un “producto de los Andes”, esto es, vinculada orgánicamente con el medio natural en el cual se desarrolló. De allí el “animismo” que, según Mariátegui, caracterizó la religión incaica, pues “poblaba al territorio del Tawantinsuyo de genios o dioses locales” (Mariátegui, 1994: I, 75). Este espíritu sobrevivió entre los indios y el Amauta lo de"nía como un “sentimiento cósmico”, esto es, de unidad con la naturaleza. “El sentimiento cósmico del indio -escribió- está íntegramente compuesto de emociones andinas” (Mariátegui, 1994: I, 304). Si se tiene en cuenta estos dos aspectos del análisis de Mariátegui, se puede encontrar que la racionalidad andina estaba guiada por una lógica en la que la solidaridad era el elemento determinante. No es la explotación ni la dominación lo que da sentido a la vida social sino la cooperación con los demás para alcanzar metas comunes. La racionalidad en este caso no está ligada a una relación instrumental (medios-"nes) sino a la posibilidad de realizar determinados valores, como por ejemplo los vinculados a la reciprocidad y a la solidaridad. Si, desde la perspectiva de Mariátegui, la solidaridad -y no el poder- constituía la fuerza de la integración social, entonces se puede descubrir allí una racionalidad diferente de la que se impuso en la civilización occidental. Esta diferencia puede ser considerada, por lo menos, desde dos puntos de vista. Por una parte, la consideración de que las relaciones sociales se orientan hacia la constitución de formas de vida emancipadas de la explotación económica o de la dominación política; se trataría, en este sentido, de relaciones sociales orientadas hacia el mutuo entendimiento entre los individuos, lo que les permitiría desarrollar su propia individualidad, sin perjuicio de que los demás puedan también desarrollarse como seres humanos. En este sentido el socialismo se presentaría como la expresión de una racionalidad liberadora. Por otra parte, el socialismo implicaría un “reencantamiento del mundo”, en el sentido del restablecimiento de una relación armoniosa de los seres humanos entre sí y de los seres humanos con la naturaleza. La modernidad occidental llevó a la fragmentación de la vida social en esferas autónomas (economía, política, cultura, moral, por ejemplo) en las que cada una de ellas ha funcionado como un sistema independiente; la sociedad moderna aparece, por tanto, como

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