70 republicana y por supuesto de la Iglesia. Se acerca también a la botánica, a la etnografía y a la cultura de los pueblos, porque en los mapas misioneros se registran hechos geográficos naturales (relieve, ríos, caminos, cobertura vegetal y especies de flora y fauna), hechos geográficos humanos (poblaciones de los naturales, su ubicación y distribución, los caminos, casas, las iglesias, capillas), datos etnográficos y culturales, grupos evangelizados y almas evangelizadas, toponimia (la preexistente en lenguas nativas y la que asignaban los evangelizadores), anotaciones con cantidades de cada uno de los hechos mencionados. En muchos casos esta cartografía, que se acompañaba de descripciones textuales, conforma las primeras representaciones de tierras desconocidas por occidentales, las cuales se pudieron levantar, registrar y cartografiar gracias a las expediciones evangelizadoras, cuyos avances o retrocesos igualmente se reflejaron en los mapas (conflictos, convertidos, poblados y poblaciones convertidas e infieles, reducciones). Con toda esa rica información que encontramos en los diarios de viaje y en los mapas (documentos que van unidos), se fue construyendo y definiendo el Perú que hoy hemos heredado y fijado en la etapa actual de nuestro país. Con independencia de las convicciones religiosas e ideológicas, los investigadores coinciden en destacar el valor científico e histórico de estas representaciones cartográficas acompañadas de las relaciones y diarios de expediciones. Cada documento tenía su rol y aporte preciso. Las Relaciones, una especie de estadística que recuerda a las establecidas por Felipe II para tener conocimiento de cada rincón del imperio, contienen en cuadros con notas, el recuento de pueblos, personas, cabezas de ganado, viviendas, incluso de conversiones, entre otros datos. Foto: Daniela Carrión
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