Izaguirre sostuvo que si no se hubieran entregado las misiones de Maynas a Ocopa, la demanda territorial de Ecuador habría llegado hasta “las extensas comarcas de los ríos Pachitea y Tambo”. En 1944 el presidente Manuel Prado sintetizó la contribución de los franciscanos durante una visita al convento de Ocopa: “Ustedes han sido los mejores soldados de la Patria, defendiendo y ensanchando sus fronteras, y son actualmente los centinelas de la Religión en la Selva y los amantes más decididos del Perú”. El aporte de Ocopa (“el espacio religioso más relevante en el Valle del Mantaro”) que el historiador Martín Arauzo elige destacar se asienta en el terreno de la interculturalidad, y menciona al padre José Francisco María Ráez, autor del primer diccionario de quechua huanca, “una contribución muy considerable” que el lingüista Rodolfo Cerrón-Palomino actualizó en una edición contemporánea. Asimismo, aprecia el cementerio y la cripta. No tienen la fotogenia de la biblioteca, la pinacoteca o los claustros, pero son lo más fascinante del convento, según Arauzo. “En el cementerio de Ocopa están enterrados personajes muy importantes para el Valle del Mantaro y para el Perú también. Por ejemplo, hay una persona que participó en la batalla de Junín, la de Ayacucho. Es el espacio donde se guarda la memoria de estos personajes”, subraya. En la cripta están enterrados prominentes misioneros franciscanos, como Gabriel Sala, Alonso de Abad y Francisco Irazola. 60 Foto: Javier Ninanya C.
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