300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

Los misioneros de Ocopa trabajaron por Dios y la Corona española, pero también, de carambola, por el país que nacería como república en 1821. Sus aportes fueron y son valorados por historiadores, religiosos y un presidente del Perú. “Lo que no pudieron las huestes españolas —conquistar a los pueblos amazónicos con las armas—, lo lograron los padres franciscanos —a través de la enseñanza de la doctrina católica— al tomar el control de estos espacios geográficos, de difícil acceso para los españoles e incluso para los incas”, dice el historiador Jimmy Martínez Céspedes en alusión a los territorios de la selva peruana. Explica que a diferencia de los pueblos de la costa y la sierra, donde los españoles hallaron sociedades y culturas desarrolladas, con estructuras y jerarquías sociales, la selva era un sitio “inhóspito” poblado por tribus que se resistían a ser conquistadas por los invasores extranjeros. La milicia no pudo ingresar, pero sí los misioneros franciscanos, arriesgando sus vidas y, en muchos casos, perdiéndolas. Sin ellos, afirma, el Perú no poseería hoy los territorios de la selva. Además, para los misioneros evangelizar a los indígenas implicaba su formación espiritual y cultural. Al incorporarlos al país, los frailes franciscanos aportaron “mucho a la construcción de la identidad nacional. No se puede hablar de un Perú tal como hoy lo conocemos, sin su aporte a nivel cultural. Sin lugar a duda, los franciscanos han tenido un papel muy importante a nivel espiritual, político, cartográfico y en la identidad nacional”. El padre Antonio Goicoechea, residente en Ocopa, rema en la misma dirección: “Todos los historiadores dicen que Loreto y Ucayali, departamentos grandes, pertenecen al Perú porque Ocopa los ha defendido, porque Brasil venía por los ríos. Tranquilamente Brasil podía haberse ido hasta Ticlio. Todo el mundo te dice: ‘Si tú divides al Perú en tres partes, una de las terceras partes pertenece al Perú por Ocopa’”. El gobernador de Maynas, Francisco Requena, que abogó por restituir la región a la influencia franciscana tras la expulsión de los jesuitas en 1767, aseguró: “Así como son útiles aquellas Misiones de los Franciscanos para la Religión lo son igualmente para el Estado. Si no fuera por ellas, los portugueses que se han adelantado por el río Marañón 800 leguas en el siglo pasado, atravesando casi toda la latitud de la América Meridional, ya estarían al pie de la Cordillera de los Andes y en las inmediaciones de Quito, Cuenca, Trujillo, Lima, Huamanga y Cuzco, comerciando con las minas más ricas del Perú”. No solo se ganó territorio que podría haber sido brasileño, si no también ecuatoriano. El padre e historiador Bernardino 59

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