Los santos y los organizadores Martín Arauzo divide a los misioneros de Ocopa en dos categorías: quienes “terminaron en olor a santidad” y “los grandes organizadores”. En el primer grupo nombra a Pío Sarobe. Del santo español, el historiador narra uno de los numerosos milagros que se han transmitido oralmente en el Valle del Mantaro: durante la guerra con Chile, los soldados del vecino país se aprestaban a atacar el distrito de Matahuasi, cuando llegó el padre Pío y multiplicó unos panes que, acto seguido, dio a los chilenos. El gesto del franciscano disuadió a los enemigos de incendiar el pueblo. En el segundo pelotón incluye a Manuel Sobreviela, autor de valiosos mapas de la Amazonia y gran expedicionario. Mención aparte merece el padre Jorge Cajo, guardián de Ocopa durante nueve años, de quien Martín Arauzo resalta su política de brazos abiertos para recibir a investigadores interesados en hurgar en los archivos del convento. “Él siempre estaba atento a apoyarnos”, afirma. También estima su apertura para aceptar “una mirada incluso crítica a su propia orden”. Por su parte, el aludido fray Cajo reivindica a los anónimos formadores de Ocopa. Si el convento modeló a gente como el misionero Gabriel Sala, un extraordinario cartógrafo, pintor y músico que llegó muy joven de España, fue gracias a las personas que lo educaron y prepararon humana, espiritual y académicamente en el convento. “Fueron los grandes forjadores de los grandes misioneros. A ellos hay que aplaudirlos, hay que recordarlos, aunque no tengan una placa”. 300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa 61
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