300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

En los pueblos que visitaban nadie que deseara confesarse debía quedar fuera de la red. Si cumplir con todos significaba prolongar la estadía más allá de lo planificado, pues así se hacía. Y se instaba a los misioneros a recibir a los confesados con “dulzura y amor” y no prodigarse con los beatos (que equivalía a gastar carnada en alguien que ya había sido pescado). Las predicaciones tenían que ser machaconas —atizar una y otra vez con las “máximas eternas” contra el mal—, así como también claras, vigorosas y sencillas para calar en el público. “No todo sacerdote es misionero” Las misiones despertaban fervor en los pueblos, tanto así que en ocasiones sus habitantes intentaban bloquear la salida de los religiosos para que se quedaran con ellos. Sin embargo, a veces los religiosos enfrentaban el desaire o la apatía de la gente. Cuando el tiempo se agotaba y la misión parecía condenada al fracaso, sus impulsores recurrían a un recurso extremo: la violencia autoinfligida. 52 Foto: archivo de Martín Arauzo

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx