La comunidad estaba conmocionada. Era domingo y en la iglesia había alrededor de un centenar de personas, mucho más de lo usual. Cuando el sacerdote estadounidense salió de la sacristía para la misa, lo que vio fue desolador: “Todos vestidos de negro, hasta sus caras parecían negras de tristeza, todos llorando”. “Yo volteé, miraba el crucifijo de Cristo... ‘Ayúdame a ayudar a esta gente, no sé qué hacer’. Estaban mudos, como momias”, prosigue con la voz quebrada, mientras unas lágrimas descienden por su rostro. El padre comenzó la homilía, pero pronto se dio cuenta de que sus palabras no surtían ningún efecto. De repente hizo algo que nunca antes había hecho (ni ha vuelto a hacer): recrear el Génesis en clave de humor. En su versión sui generis de la Creación, Dios estaba muy feliz, satisfecho con su obra, al finalizar la primera jornada. “El segundo día hizo las chacras, la tierra, etc., y en la noche estaba contento porque todo era perfecto. Y así iba, cada día más perfecto. Pero casi al último estaba aburrido porque todo lo que hacía era perfecto. Y Dios dijo: ‘Mañana voy a hacer algo para divertirme’. Y al día siguiente creó al hombre y a la mujer, y con las tonterías de ellos Dios siempre estaba con carcajadas todo el día”. La catarsis fue brutal. “Había una vieja en la puerta, ella echó una carcajada y todo el mundo ‘ja, ja, ja’. Carcajadas, carcajadas, carcajadas”. Risas contagiosas y liberadoras. Luego “lloraron con ganas, hasta con gritos. Fue una de las experiencias más amargas y dulces de mi vida”. Por los mismos tiempos, en un pueblito en Huancayo que le asignaron, lo que parecía una tragedia culminó en un sainete. 221 Foto: Javier Ninanya C.
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