La hospedería exterior constituye la parte del convento que ocupa, en primer plano, toda la fachada principal. Se trata de un edificio de un solo nivel que se distingue por una secuencia de 29 arquerías, una de las cuales destaca por incorporar una portada que alude al estilo neoclásico, otorgándole jerarquía como acceso principal al conjunto conventual. Originalmente, el edificio albergaba diversas habitaciones destinadas al hospedaje de visitantes comunes; actualmente, sus espacios se encuentran destinados al comercio turístico y a funciones administrativas vinculadas al convento. El frontis del edificio presenta ciertos rasgos estilísticos de carácter románico, perceptibles en las proporciones de las arquerías, la mampostería de ladrillo caravista y el empleo de tejas holandesas en la cubierta. El elemento más notable de esta infraestructura es su pequeño claustro, de proporciones reducidas, cuyo patio rectangular —recubierto con piso cerámico— se encuentra rodeado por una galería compuesta por diez arcos trilobulados construidos con la misma técnica de albañilería, únicos en todo el conjunto conventual. El cementerio constituye otro espacio que merece ser visitado, tanto por su valor histórico como por su arquitectura singular. En él reposan figuras relevantes de la historia local. En sus orígenes, fue concebido como un lugar exclusivo para albergar los restos mortales de los padres y miembros del clero; sin embargo, en la actualidad, brinda el servicio de sepultura a la población del entorno. Se observan nichos distribuidos en el exterior de los muros de la nave y del transepto, ubicados al pie del ángulo que ambos conforman. A medida que la demanda creció, se añadieron pabellones de nichos construidos con tierra, destacando por su particular arquitectura: de baja altura y con contornos irregulares, lo que le confiere una apariencia distintiva. El acceso al cementerio es restringido únicamente a aquellas personas que poseen sepulturas en su interior. Entre los elementos notables del lugar, destacan dos mausoleos: uno perteneciente al arzobispo de Berito, quien también fue obispo de Huánuco, y otro a la familia Balladares (sic) de Huancayo, considerada notable y respetable por los pobladores locales. El claustro de la Hospedería El cementerio 300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa 173
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