300 años : Convento Santa Rosa de Ocopa

Para la primera mitad del siglo XX, las comunidades campas aún eran consideradas como las más numerosas de las etnias amazónicas. Esta situación persiste hasta la actualidad, ya que el pueblo asháninka sigue siendo uno de los más numerosos entre los pueblos originarios del Perú. Llevada a buen término la fundación de San Luis de Shuaro, el padre Sala experimentó una profunda satisfacción, no sólo por el éxito de su labor, si no también al evocar las múltiples vicisitudes históricas de la región del Chanchamayo y el Cerro de la Sal, escenario de continuos intentos de evangelización y conquista desde el siglo XVII. En una carta llena de lirismo y fervor misionero, relató el significado espiritual y estratégico del lugar, evocando la memoria de religiosos mártires y las esperanzas fundadas en un porvenir próspero, en contraste con las frustraciones provocadas por la codicia y la inestabilidad política. El padre rememoró cómo, desde los primeros intentos de Fr. Gerónimo en 1635 hasta las gestas del colegio de Ocopa en el siglo XVIII, se edificaron capillas y pueblos efímeros en una lucha constante contra el abandono y la violencia. Finalmente, lamentó el impacto de la rebelión liderada por Santos Atahualpa, que conspiró contra el orden misionero, truncando —según Sala— un potencial brillante de civilización y prosperidad en esas tierras. En este contexto, la dimensión lingüística campa adquiere particular relevancia cuando Sala detalla su autonomía frente al quechua y al castellano. Su observación fonológica sobre la ausencia de los fonemas /l/ y /ll/ es reveladora: Más allá de su interés evangelizador, Sala reconoció la resistencia lingüística asháninka: Como ya anotamos, el informe de viaje del padre Gabriel Sala de 1897 da cuenta de los detalles del proceso de elaboración de su diccionario campa (asháninka), además también de las estrategias concretas que desarrolló para aprender la lengua y sobrevivir en un entorno considerado hostil. Entre el 26 y el 29 de diciembre de 1897, él registra en su diario observaciones climáticas, encuentros con grupos indígenas “En campa puro no se oye nunca la l ni ll, ni en el principio, ni en el medio, ni en el fin de la palabra. En lugar de la l ó ll se usa r dulce: v. gr. Manuela, se pronuncia Manuera. Cuchillo se pronuncia Chíchiro; Luis, Hruis”. “El campa guarda en su construcción una forma algo distinta del amueixa, y mucho más del quichua y del castellano, de cuyos idiomas se ve claramente que jamás ha dependido. Y aunque los campas han tenido algún roce con los quichuas y los amueixas, y actualmente con los blancos y europeos, empero no quieren asimilar ni sujetar su lenguaje al nuestro, si no más bien asimilar y transformar el nuestro en el suyo, como lo hemos podido observar en muchísimas ocasiones, estando en medio de sus tribus y conversando familiarmente con ellos. Así es que si acaso tenemos aguardiente y nos lo piden, no lo hacen con palabras castellanas, ni semejantes al castellano, si no de un modo y forma enteramente conforme á su idioma; y así no dicen como podrían hacerlo —‘tame acuardiente’— si no ‘pimpina avererentsi’, y así en otras muchísimas cosas; y como son tan orgullosos se desdeñan de aprender la lengua y costumbres de las demás tribus, y quieren seguir siempre con su tema”. 138

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