“Esta tribu, dice, llamada amueixa, o amage, panatahua o lorenzos, es una ramificación de la de los campas. Consta esto claramente, tanto por sus hábitos y costumbres, como por su idioma, que viene a ser un campa corrompido, mezclado además con muchas palabras quichuas, acomodadas a la inflexión o forma amueixa. Lo que prueba además que esa tribu consta de elementos heterogéneos de distintas razas y naciones; ni es esto extraño atendida su proximidad a la sierra y su comunicación y comercio con los civilizados más inmediatos a las montañas”. “En cuanto a la construcción gramatical de este idioma, diremos en pocas palabras que es semejante al castellano, aunque no deja de tener algunos puntos de contacto y semejanza con el quichua y el campa, con cuyos individuos colindantes ha tenido siempre, y tiene hasta hoy, relaciones de amistad, comercio y parentesco. Así que, en todas las traducciones que hemos hecho y en las conferencias sin número que hemos tenido con los amueixas, tanto hombres como mujeres, chicos y grandes, jóvenes y viejos—algunos de los cuales entendían, hablaban y hasta escribían el castellano—, siempre nos han ido dictando los términos y locuciones con el mismo orden que en castellano; aunque algunas veces la frase se asemeja más al quichua, otras al campa y otras al hebreo, como podrá observarse en el texto de la doctrina cristiana”. “Entre las tribus de que se ha hecho mención, la más dócil parece la Amuesha; y por consiguiente la que más fácilmente se adapta a la civilización. La Campa, indudablemente, es la más rebelde”. (Antonio Olarte) Este panorama da cuenta de una profunda reconfiguración cultural, territorial, religiosa y epistémica, resultado de los históricos procesos de contacto intercultural. En este contexto, destaca el registro lingüístico realizado por el propio padre Sala. Su trabajo muestra un notable nivel de detalle gramatical y fonético, lo que lo convierte en una fuente valiosa para el estudio de la lengua yánesha. Sala establece paralelos entre el amuesha y otras lenguas como el castellano, el quechua e incluso el hebreo. Aunque estas comparaciones ilustran la existencia de contactos culturales y lingüísticos a través del comercio o el parentesco interétnico. No obstante, la visión que los franciscanos construyeron sobre los amueshas estuvo fuertemente condicionada por el paradigma misional, el cual interpretaba a los pueblos indígenas desde una lógica civilizadora y redentora, subordinando sus formas de vida y cosmovisión a los ideales del cristianismo. Durante la primera mitad del siglo XX, los amueshas todavía eran descritos como un grupo “más manso y tratable” en comparación con otros pueblos amazónicos, como los campas, a quienes se calificaba de “rebeldes”: 300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa 133
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