Su relación con las lenguas indígenas Evidentemente, la relación de fray Gabriel Sala con las lenguas indígenas no puede entenderse exclusivamente como un trabajo filológico o lingüístico. Su dedicación al aprendizaje, sistematización y traducción de idiomas como el quechua, el amuesha (yánesha) y el campa (asháninka) respondió, ante todo, a su vocación evangelizadora. Como misionero franciscano formado en el convento de Ocopa, Sala concibió la lengua como un medio de persuasión espiritual, una herramienta indispensable para la transmisión de la doctrina cristiana entre los pueblos originarios del Perú central y la Amazonía. Como se ha señalado en su biografía, el padre Gabriel Sala recibió una sólida formación en el convento de Ocopa, donde aprendió el quechua. Para 1879, ya se desempeñaba como docente de esta lengua para los novicios del convento, lo que demuestra su dominio del idioma. Sin embargo, su conocimiento de las lenguas amazónicas se desarrolló en el contexto de sus misiones y exploraciones en el oriente peruano, tal como lo precisa el padre fray Leonardo de Badiola, comisario general del Colegio de Misiones Franciscanas del Perú. El padre Sala llevó a cabo dos expediciones que combinaron el estudio geográfico con la observación directa del territorio, en las que logró registrar tanto la geografía como aspectos culturales de las poblaciones indígenas. Durante estos viajes, trazó mapas, recorrió caminos inhóspitos y documentó la riqueza natural y la diversidad cultural, incluyendo las lenguas de las regiones exploradas. En 1887, cuando era Prefecto de Misiones (1885-1891), recorrió el Pozuzo, el río Mayo, el Ucayali, el Pachitea y exploró el Pichis, proporcionando al Gobierno observaciones que impulsaron la apertura del camino central del Pichis. Posteriormente, en 1896, acompañado por el padre Juan B. Aguirre, emprendió una nueva expedición por el Pichis, Pachitea, Alto Ucayali y el Gran Pajonal, por encargo del gobierno peruano. Fruto de esta experiencia, en 1897 publicó Apuntes de viaje y exploración de los ríos Pichis, Pachitea, Alto Ucayali y Gran Pajonal, obra acompañada de un mapa a color elaborado en colaboración con el padre Carlos Lange. En estas incursiones, aunque ya advertía la diversidad lingüística de los territorios recorridos, el registro del amuesha y el campa se alineaba con los objetivos misionales, pues ambas lenguas eran habladas por los pueblos indígenas que habitaban la zona del Gran Pajonal y el Cerro de la Sal, y consideradas fundamentales para el éxito de las misiones evangélicas y “civilizadoras”. Este territorio se percibía como estratégico para las misiones y el desarrollo del Perú en su época. En los apéndices de su informe de viaje de 1897, en el contexto del auge del caucho, el padre Gabriel Sala analizaba las diferencias entre las comunidades indígenas y proponía estrategias diferenciadas de evangelización y colonización, según el grado de contacto que estas mantenían con los patrones. En el caso de los cunibos y mipiros del Ucayali, que ya trabajaban para patrones caucheros, proponía hablar primero con los patrones, pues, según él, los indígenas tendían 127
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