El Oncenio de Leguía
o - 88 - 1923 e] estudiantado de San Marcos, en jornada de protesta contra ]a consagración de la ciudad de Lima al Corazón de Je3ús, que el Gobierno ha- bía confabulado con el Cabildo. Haya de la Torre no es por el momento anti-imperialista ni comu- nista, sino simplemente anti-frailuno á la usanza gonzalez-pradesca. E] se revela á si mismo en ésta ocasión como un orador capaz de erguirse en con- ductor de masas, y la ambición germina en su pe- cho. Mayor la gloria para él c~ando es deportado en calidad de agitador llevando en sus oídos el eco de los aplausos de 1a juventud. Lejos de la Patria funda la Alianza Popular Revolucionaria Americana, el Apra, inspirada por las ideas que aprende en Mejico, Rusia, Francia, Al ~mania é In- glaterra. Otro hombre en quien sería vana preten- sión "peruanizar el Perú". Raúl Haya de la Torra se encuentra más -lejos aún que José Carlos Mariáte- gui de los latidos del corazón nacional. Mariátegui no puede ser un Robespierre por su in validez física; Haya de la Torre, que no tiene obs- táculo en su salud, no quiere ó tampoco puede ser- lo. Leguía se empeña en yanqui zar la Universidad, como el mejor medio para que esté conforme con su ¡.,olítica. Pero la Universidad conserva su e5pi- ritu de oposición, aunque lastimosamente atenuado podas inyecciones aletargantes que se le inoculan. Leguia teme la efervescencia estudiantil cuando es- talla la indignaciói'J. por su convenio con Chile en 1929, y despues, cuando la revolución en Bolivia estimula los germenes de rebelión latentes en el Perú. Entonces la camarilla repite el milagro a- quel del cada ver extr~ído de la morgue y volado en la Plaza de Armas; ésta vez se entrega la ma- calera prenda del mortuorio al pseudo-asesino Ge- naro Ortiz, cuyas fechoría<;; pretende descubrir pers- picazmente el famoso Fernandez Oliva, á quien le
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