El Oncenio de Leguía
1 - 87 Régimen.sino también como una especie de trampa que atra~ á los desafectos al Gobierno, que luego quedan fichados en la Intendencia. Los carteles sucios de la política menuda están llenos de sainetes representados por soplones. En una ocasión se permite a un obrero hablar incendios contra el Mandatario a] pié de Palacio. En otra, la señora Dora Raquel Smith grita á la faz de Leguía: "Muera el tirano' ', es tomada pre- sa. y sale despues de unas semanas de la reclu- sión, hablando pestes dP- las monjas de Santo To- más todo esto para convertirla en heroina de los proletáridos rebeldes-y ganar mas tarde pingiies sueldos como secretaria privada del Presidente. En la Isla de San Lorenzo y en el Frontón comparten espías, los vulgarmente llamados soplo- nes, la reclusión de los presos políticos, traicionan- do profesionalmente á sus momentáneos camaradas. La mentira y el engaño exuberan de un modo, que vuelve á poner~e oportuna la frase de San A- gustín, "aunque veas, no creas' '. Por limpia é ingénua que hubiese podido ser el alma de las masas, no podría sino hubiese infil- trado en ella la ponzoña de la perfidia y maldad que por todos lados se destilaba y el tipo sovietico pudo florecer para desgracia tanto de las clases me- nesterosas como de las pudientes. Para desgra('ia, sí - pues el tipo comunista ruso es flor del fango, en contrast" con el tipo comune- ro peruano original, que es flor del campo. Mariátegui originó la fatal confusión del sovie- tismo con el indigenismo autentico nuestro. Ma- riategui llega hasta la U¡jive_rsi_dad con sus. cursi- llos libres de mezcolanzas socialistas, comunistas é indigenistas. • Más, no solo Mariátegui inquieta á la juventud acaJemica. Raúl Haya de la Torre levanta en
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