El Oncenio de Leguía

- 84 - ha podido la Nación ser llevada acá y allá, aban- donando todos sus ideales, echando al viento to- das sus lealtades, ciega en una cómoda fé en el amo, taita y mentido patriarca, que la relevaba de ejercer un criterio propio controla. lor, como lo requiere el espfritu de los estados modernos. Comunismo y ~pra La Oposición, encerrada por Leguía en un cír- culo de hierro, engendró dos pelig-:-osns cachorros á quienes por su pequeño tamaño, e] Gobierno no tenía temor al principio. Esos cachorros eran el Comunismo y el Apra. Los focos de oposición al Gobierno tenían que formarse de un modo natural en el proletariado, entre los pobres excluidos de las larguezas del Régimen y en una parte del universitariado que tampoco pudo ser uncido al carro triunfal de Leguía. Como en el Perú se reproducían los fenómenos que aparecian en el resto del complejo universal europeizado, porque se había copiado entre nosotros desde si- glos atras estrictamente todos los métodos de ]a civilizacion. de Europa, era consiguiente que se consolidara aquí tambien la unión de los obre- ros manuales é intelectuales. La semilla del comunismo soviético estaba ca- yendo despues de la Gran Guerra, sobre todas las tierra::s y cayó por supuesto, en el término de la distancia sobre nuestro suelo, prendiendo en la Universidad y en las masas, que se embebian en la literatura rusa. Lo natural hubiera sido que un gobierno _imperialista como el de 1=:,~guia hu- biese declarado guerra sin cuartel á esa rebel- día importada .. Pero Leguía no era b~$tan te rec- tili .eo para hacer eso. Leguía miraba á todos los 0 hombres, peruanos ó extranjeros, como instrumen- tos para los fines que perseguia-fines de ambi-

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