El Oncenio de Leguía
- 82 - ciones se txplica,cuando . se ve la primitividad de los conceptos que aún podian imponerse en nuestro medio. Díce una de las Enciclopedias Generales "el vocablo patriarcal hace recordar la época de los primeros antepasados de la humanidad histórica, en que prevalecía una inocencia y sencillez en las costum- bres del pueblo y una dignidad, respetahilidad y be- nevolencia en los ancianos que hacian de dirigentes farnili~res. ' ' Lejos de tal inocencia y de tal benevolencia sin- cera que pcdia existir en sencillos y pequeños cír- culos agrestes, entre los miembros de una tribu, la idea del patriarcad:) es un absurdo En el Perú, estropeado por mil visic1tudes, ni el pueblo es en la actualidad sencillo, sano é inocente, ni el gobierno, cualquiera que sean los individuos q' lo componen, es de moralidad tan simple y transp2:- rente como los antiguos patriarcas. Ei pueblo indí- gena, aunque mantenido en una triste humildad, se ha hecho resabioso é inspirado en model0s que lo sa- can de la primordial condición bucólica, en que ~e puede vivir sin envidias y rivalidades. El pueblo criollo, ávido de incorporarse al progreso material qu~ admira en la~ naciones mundíales, se escapa con sus ambiciones á todo límite que le señala la pequeñez de su potencia propia. Hablar de un gobierno paterna], de un amito cui- dadoso de su servidumbre como se hablaba en tiem- pos de Legufa, era caracterizar al Perú como un pue- bl0 en plena infancia, en plena minoría de edad que tendría que caer ineludiblemente víctima de otros más avisados de las complicadas situaciones que se producen co~ la civilización avanzada. Cuando Le- guía hubo encanecido lo bastante en su carrera que apuetaba hacia la presidencia vitalicia, mereció de sus mgénuos conciudadanos el título de Taita y él mismo se sintió sin duda una especie de padre bene- ,
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