El Oncenio de Leguía

- 80 - cha en el juego de ajedrez de los grandes señores de la República. Para los litératos ~ignifica dicha raza una mina inagotable de lirismos ociosos, cuando no se trata de un escaso número de intelectuales amantes de la estirpe auténtica de la patria. En tiempos de Leguía se ¡.,uso en moda al indio. Pleyadas de intelectuales se ocuparon de la raza nativa obedeciendo una consigna oficial. Eso no era un 1.n vantamiento de Ja raza indígena, sino una pesca criolla. Cada cual quería distinguirse con alguna lindura referente á los in 1ígenas. Se presentó ]a Sociedad · de la Flecha de Oro. Se fo- mentó el ' 'folklore" incaico en las Pampas de A- mancaes con miras á una espléndida ganancia pa- ra el Alcalde del districto del Rimac y los tea- tros limeños. Se trabó relaciones, en el Museo Arqueológico, con emisarios de la industria extran- jera, para sacar partiJo del arte autóctono. José Carlos Mariategui, pariente de Leguía, en- tretenía, á cobijo de su lema "Peruanicemos el Perú" el designio de sovietizar el Perú, dando- nos un triste comunismo ruso por el valioso co- munismo de nuestros Primeros padres surameri- canos. Así mismo como el Estado hubo engreído bajo\ la diplomacia de Leguía, á tarapaqueños, tacneños y ariqueños, para despues hacerlos caer al abismo con los vai ven e& de la alta política yanqui - peruana, tambien al indio debió engreírlo para entregarlo algún día en calidad de siervo á los colonizadores de la Montaña 6 de Sie- rra. Se preparaba la expropiación de los terrencs comunales con los varios disponendos, habilmente distribuídos para ocultar su fin, del nuevo Có- diq-o Civil Peruano, cuya confección se decretó en · 1922, el año fatal en que el Perú fué pues- so bajo el patronato de Yanquilandia.

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