El Oncenio de Leguía

- 79 - tranjero, y cae en la prisión porque no respeta ni e-n la segunda vez el precepto republicano de la alternación de gobernantes, ideado para prevenir l0s ensimismamientos monárquicos. El Taifa ó Amito En toda la población peruana corre sangre in- dia, pero en cada individuo 6 colectividad local en mayor 6 menor proporción. Apenas quedan e- jemplares de raza pura. Definimos como indigenas á aquellos pobladores en quienes predomina la sangre aborigen y se conservan las tradiciones y costumbres originales del Perú Desde luego, aun- que el indigena peruano está algo mestizado por ]a infusión de la sangre de españoles ú otros in- migrantes, su casta es decididamente opuesta á la que se designa mestiza 6 criolla, 6 sea, el tipo racial 6 social de la era nueva y ajena al carác- ter autóctono. Esos dos tipos, el indígena y el criollo, se recha~ zan mutuamente, desconfiando aq~el de éste, y despreciando éste á aquel con presunción de su- periodidad. Los gobernantes y las mentalidades más esclf'reciáas del país se hallan por supuesto, en la obligación de recono<>er al poblador indíge- na como un integrante valiosísimo de la comunidad nacional, y de buscar su bien, trabajando por su levantamiento moral y material. Sin embargo, son raros los casos en que los "criollos" de civi- lización turopeista, sien ten verdadera benevolencia hacia el indio y no lo miran como una especie de p{'sadilla nacional ó como un instrumento burdo pero aprovechable, en la conducción de sus propósitos personal_istas. Para los gobernantes, comerciantes, empresario8 rr... ineros y agrícola~, ingenieros etc, el indígena no significa generalmente sino un bracero, .una fi-

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