El Oncenio de Leguía

- 75 - régimenes en que se desconoce la verdadera misión de un gobernante, asomaban pavorcsamente así en el Perú de ahora como en la Francia de en- tonces. •·El Estado soy y.:>'': la Nación erige una esta- tua á Guillermo Rey, por ser amigo de Leguía y guarda duelo oficial por el que fué Embajador Estadunidense, Alexander Moore, que tuvo la gra- cia de calificar á Leguía de Gigante del Pacífico. Cara vanas de serviles vasallos llegan diario á Pa- lacio, ofrendando al Autócrata costosisimos regalos, cuyo precio prefectos y suprefectos han extorcio- nado á los indígenas 6 Presidentes de Directivas Obreras á sus camaradas subordinados. Monopo- lis_tas nacionales ó extranjeros se le acercan paro- diando reyes magos ante un Anticristo, y buscando concesiones y privilegios; pobres pecadores llegan con a]gún óbolo, solicitando favoritismo ó per- dón por algún mal manejo. El hombre que ha- ce las veces del Estado, puede absorber toda la savia del Estado, pero una cosa no puede hacer: no puede ser buen patriota, ni hiio de la Indepen- dencia, ni amigo del pueblo y del índígena pe- ruano, atado como está con firmes ligaduras á los explotadores mercantiles de la Nación. En buena ~uenta ha sido un sacrilegio cubrir el atahud de Leguía ccn la enseña patria, pues Leguía no vi- vió para el Perú, sino que quiso que el Perú viviera para él. Mandatario en lugar de Presidente Constitucional Un publicista argentino dijo, hablando de las im- presiones que había recogido en Lima, que era de notar que se llamaba por antinomasia Manda- tario al Presidente del Perú. Los pueblos de la América optaron á la hora

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