El Oncenio de Leguía

- 74 - Ejecutivo: los Ministerios, el Congreso, la Corte SuprPma, y la Legislación misma. ·'El Estado soy yo' '- cada año podía Leguía decir esto con mayor énfasis. El se propuso un día matar la Oposición, y la mató. Con el asalto á la Imprenta de "La Prensa' ', en la calle de Baquí- jano, se convirtió éste diario de combate literal- me:ite de la noche á la mañana en un órgano rastrero, que inició aquel periodismo de asquerosa adulación que narcotizó más tarde el criterio gene- ral en ]a República. Hasta una mayoría de depor- tados que Legufa hizo mandar al extranjero re- gresó ri~diéndo~ele. Murieron los antiguos jefes de partido. como Javier Prado y Ugarteche, y Au- gusto Durand, que podrían toda vía haberle hecho sombra. ¿Obra de la suerte ó de los hombres? no debe creerst- demasiado ligeramente en ]as asevera- ciones que hicieron lenguas cargadas de rencor, sin- dicando á Leguía de culpas que tal vez no haya cometido, aunque tamp0co debe silenciarse que él c0ntemporizó á la vista de todos con el crimen, · tomando del brazo á cierta novia con cuyos ante- cedentes no debiera haber transigido. Nadie se atrevía ya á objetar cualquiera razón á los actos del Presidente proclamado vitalicio por los cortesanos que auscultaban su menor deseo. Le- guía reinaba de un modo incond'icionai. Se hace pre- ciso hablar en términos monárquicos. Pero si alguien pudiese ser apologista de la mo- narquía en la republicana América, sin embargo no podría serlo honradamente de una monarquía á lo Luis XIV que Leguía remedaba. Porque el ré- ·gimen de los Luises XIV y XV, la historia lo ha con tatado irrefutablemente, no era sino prelu- dio ae una catástrofe ineludible como la que se produjo bajo el infortunado Luis XVI. La co- rrupción, la miseria que son el corolario de tales

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