El Oncenio de Leguía
-:-- 73 - Perú en la corola abierta de la hospitalidad oficial. Sería materia de un capítulo aparte apuntar lo que sa~aron allí Inglaterra, Yanquilandia y Chile, y quien sabe cuales más. Al pdncipio de su gobierno Leguía se había es- ·- condido <letras de su ministro "El Tigre" (Ger- mnn Leguía y Martinez) con el fin de desenvolver sus planes sin contraer antipatías en el público. En aquella época se estaba en duda á cual atri- buir los actos de despotismo adoptados para sub- yugar á la Na:ión. Pero despues de la época de los Centenarios Leg:uía aparece ya en su ·plenitud autocrática. Lo5 arcos decorativos erigidos en honor del Centenario de la batalb. de Ayacucho sirvie- ron enseguida como cartelones de réclame para ¡a Reelección Presidencial de 1925. - La circunstancia de ha!larse inconcluso el arre- glo con Chile que era de la responsabilidad indivi- dual de Leguía. au8piciaba con buenas razones la pretensión del Presidente de continuar en ejercicio por otro período de cinco años. Pero terminado el asunto con Chile en Junio de 1929, no cabía excu- sa razonable para perseguir otra reelección más. Ya no puede alegarse que la política de Leguía es para b ~en de la patria, sino que se transparenta claramente que es para saciar una ambición perso- nal. Leguía no puede ya concebir para si una exis- tencia fuera del gobierno y de los halagos que le prodigan los cortesanos, y no vacila en trastornar los principios constitucionales que se crearon con el objeto de conservar en la América el sublime patri- monio que le legaron los libertadores. Sin embargo Leguía n :J tiene siquiera el gesto de declararse dictador. Escrupulosamente cuidadoso de las for- mas conserva la apariencia de la constitucionali- dad y prostituye para ganar sus fines, las_ \Itas instituciones ideadas para controlar la acción del
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