El Oncenio de Leguía

- 71 - ha á pasos gigantescos, porque en el país no se realizaba el trabajo que con vierte en valor prac- tico los tesoros yacentes. El trabajo nacional que hubo fué mal pagado y gran parte del progreso que creía realizar la Nación pertenecía práctica- mente á extranjeros; la burocrácia negociaba }os tesoros patrios, pero no los explotaba ponien- do el hombro á la rueda, para mover el vehiculo, como dicen los ingleses. El problema .que ha dejado Leguía es ¿como devolver á la vida privada á esa nube de hom- bres y mujeres que ingresaron durante su régimen á la política en busca de acomodos? Cualquiera que ha estudiado algo sabe que de la palabra política se hace un uso falso, que no está con- corde con su significado gramatical. Lo que no- sotros hemos dado en 11amar política es una ·ce~- tralizaci6n de las esperanzas de cada ciudadano en el gobernante al cual elige y apoya, con el obje- to de que le sirva á él personalmente, aunque sirva asf mal á la Patria. La libertad y la prosperidad de una nación se miden contando el número de gen tes que n6 son pagadas 6 protejidas por el oficialismo, pues so- lo éstas no son obsesionadas por un interés apre- miante de que unq ~ú otro rija los destinos de la colectividad, y miran realmente los aspectos del bien colectivo. .El Estado soy Yo "El estado sov yo' '- este credo que se descu~re en todos los act~s de Leguía no es el credo de lbs patriotas que la Historia inscribe en sus cuadros de honor. •·El Estado soy yo·'. Leguía aumenta el ef5cti- vo del ejército de 4,000 hombres de que consis- tía antes de su régimen, á 7,000 individuos,

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