El Oncenio de Leguía
- 59 - tema alguno en organizar la administración en fa- vor del pa,ís. Si es verdad que la construcción de vías de tráfico impulsó á muchas poblaciones, y la pavimentación de Lima y las circunscripciones ve- cinas prestó notaLlP.s servicios á las localidades, el precio de las obras respectivas fué descomensu- rado, y además discutible en muchas ocasiones la calidad de los trabajos hechos. Leguía era un lego en materia de múltiples proyectos que se le presen- taron, y que propició, creyendo que redun iarían en honor de su gobierno. El pensamiento fundamBn- tal en los planes personalmente esbozados por él fué la consePución de un monarcado suyo en el Pe- rú. Por ese pensamiento inspiró Leguía el artículo en la Constitución de 192Oque aumenta el ¡.,eríodo de Ja presidencia de la Rtpública á 5 años, y las sucesivas modificaciones en los disponendos de esa Carta. Largo sería rememorar todos los decretos, nombramiei.tos y cambios de funcionarios. relacio- nadrJS con aquel punto, que en nada consultaban los intereses legítimos de la Nación. Hablando en rigor, nada de lo bueno 6 malo que se ha visto en la época de la Patria Nueva, fué verdaderamente nuevo. Todo lo que apareció en- tonces tenía ya sus antecedentes en las épocas an- teriores, y lo único que lo hizo tan resaltante era el colmo · á que llego. Antes de Leguía hubo tor- turas en las comisarías, peculados, legislaciones torcidas, atropellos á la Constitución los ciudada- nos y la prensa, farsas, yerros, etc. etc. Pero nun- ca semejantes males habían alcanzado parecido ta- maño. En el grado y dimensiones de los vicios el régimen de Legufa resultó asombroso. En cuanto a] bitn, Leguía tuvo en ciertos respectos un radio mayor para efec~uarlo que los gobernantes ant ·io- res, pues p0r su táctica especial tuvo contacto con una infini-iad de solicitantes y disponía de recursos
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