El Oncenio de Leguía

- 57 - Balance del bien y del mal realizado en el Oncenio Leguía poseyó un talento diplomático suficiente para ~stablecer en el país un régimen de órden y tranquilidad propicio al desenvolvimiento del co- mercio. Un estado de paz exterior é interior es la primera condición que inspira confianza á los em- presarios que piensan iniciar operaciones en algún lugar. El Presiden te del Perú hizo bien, desde lue- go, en propvne-rse remover el obstáculo de la siem- pre latente cuestión con Chile y domar las rebel- días tan propias de nuestro pueblo inexperimenta· do é indisciplinado. Pero en cambio de la paz y el orden que dió Legu:a á la Nación, él quitó á ésta la dignidad y la libertad de pronunciar la opinión. La mane- ra como procedió el Jefe de la Nación fomentan- do primero las ilusiones populares en la cuestión con Chile, para ir lentamente despatriotizando y prostituyendo el espíritu de la, colectividad incau- ta, lo hacen propiamente susceptible de ser conde- nado como Traidor á la Patria. El calificativo de tirano no es el peor reproche que ha podido hacerse á Leguía. Un tirano honra- do y patriótico fuera quiza lo que nuestro .país hu- biera necesitado, dada la poca preparación cívica de sus naturales. Desgraciadamente Leguía se hi- zo acreedor al título de tirano sin los adjetivos re- feridos. No fué un tirano cruel, pero si un tirano inmoral. .Pué u:i civil sin los ra~·gos gallardos d..-. un tirano valiente; dinero y engaño suplieron la caren- te cualidad de arrojo. En Legufa no había caracte- rísticas que subieron al nivel de lo grandioso; su caída fué mísera, y si alguna vez se repitiera de él una sentencia genial, esta hallaría pronto un <¿es- mentido en la realidad de sus actos. Leguía no combatió el civilismo para librar al

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