El Oncenio de Leguía

56 - titucionalidad y de una tradición patriótica, y has- ta de un código de honor, y aunque ellos desgra- ciadamente callaron µor un tiempo, hubo · que con- tenerse su disgusto con especificas muy fuertes, cuyó efecto se desvanecía cadq, vez más pronto. Después de 1925, el año del Laudo Arbitral de Coolidge, y mucho más después de 1929, el año del Trata- do con Chi]e y de la inexcusa ble Segunda Reelección de Leguía en el Oncenio, la adhesión al Gobierno fué en proporción crecida más bien compradá que es- pontánea. Leguía procuraba seguir deslumbrando al público y apoyar$e en todos los puntales posibles, pero los ciu_dadanos más con~cientes, de todas las clases desde la obrera hasta ]a militar, veían en tran~parencia las 11agas del Régimen. Sólo los verda- deramente incapaces de comprender el proceso fatal q' el oncenario gobierno de Legufa significaba para le s sagrados in te reses del Estado Peruano siguieron cre\·endo aún hasta más allá de la Revoluci6n de A- req~ipa que la Nación bahía atravesado con di- cho gobernante una época de auge extraordinario. Nunca sería más necesario recordar á la gente el proverbio de que ' 'todo lo que brilla no es oro·'. Bajo la guianza de Leguía los gérmenes de idea- lismo y moralidad que no pudieron dejar de dormir en la población, no fueron cultivados como ten- drian que 'h"aóerlo sido bajo la conducción de un es- píritu mejor. Obra del mismo Leguia son los fenó- menos desconsoladores que se ha visto en el perió- do posterior á su caída y que ]os leguíistas sinceros ó intere:.:;ados que aún actuan en nuestra política quieren interpretar como un motivo · para renegar del régimen libertador y volvtr al régimen qu EO felizmente terminó con una rehelión cu- yos frutos no podrán sazonar sino de un modo len- to.

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