El Oncenio de Leguía

- 53 yendo que un ciudadano por el hecho de prt>si- <lir una sociedad en su necesaria acción comunal, se convierta en un ser <le orden extraordinario, puede sentirse un esp"cial halag.o en obtener las famosas audiencias que los cortesanos se disputan. "Me voy directamente arri _ba' ', esta frase se constituía en voz unísona de tos peticionarios de toda clase, orden y localida.d. Ya á nad1e se ocultaba que los ministros y congresales habían descendido á la condición de lacayos del Presi- dente. ' En lugar de mendigar favores á adus- tos diputados y soberbios cancilleres nos prt>sen- tamos de un salto ante el Mandatado supremo" con tal resolución hecha costumbre, se atropelló fatalmente el orden constitucional de la Repúbli- ca-pero: ¿quien se preocuparía de dar importancia á ese inconveniente? "Me voy directamente' arriba" decián aque11os que vislumbraban en la accequibilidad del Presidente grandes o pequeñas oportunidades para mejorar, rep·arar ó impulsar su fortuna. Viendo el éxito de los primeros audaces, cada vez más individuos se destacaban del público dirigiendose á Palacio. La mar de antojos se les ocurría á la gente: "Aprove- che el buen mome:ito" se aconsejaban mutua.mente los amigos con la mayor b-cena fé. Quedaron satis- fechos frívolos deseos de visitar Europa ó Norte Amé- rica; artistas é intelectuales acudieron al .Mecenas, se sacó a memoria derechos casi caducos de !"ecla- máción al Fisco; se improvisó negocios; se some- tió ·mil proyectos al Ministerio de Fomento; se n~validó derechos de mon tepfo ó pensión casi pres- critos; personas sin valimento alguno se encapri- charon enquerer ganar más pingues sueldos. Ver- dad que eso daba vida y animación, pero con getri- mento de la salud general del organismo nacional. Solicitar privilegios y favores en Palacio signi-

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