El Oncenio de Leguía
En el quinto año del novel período presideµcial ya era general la creencia de que Leguía tuera un gobernante inmensamente snpericr á sus anteceso- res, que por grado ó fue:rza habfan permanecido más dentro de los límites de lo que permitían las resis- tencias naturales, morales y materiales, de la Na- ción. El Mú.ndatario se había mostrado activo; ha- bía traído á Palacio algunos elementos capaces; ha- bía satisfecho varias demandas de los varios secto- res de la población: obrero~, clase media, in<lígenas; había abordado todos los problemas, principiando por el nudo gordiano de Tacna y Arica. Al mil-,mo tiempo ~eguía en calidad de actor en las tablas, parecía un mago dotado de poderes misteriosos. El público que observa la marcha de un régimen gubernamental, quiere ver siempre que se haga algo, que se fabrique un progreso {Jalpable.. Efectivamen- te que en él Perú han faltado adelantos comer- ciales en pro¡.,orción con la riqueza nacional que tas malas administraciones oficiales disipaban. Chi- le, con menos recursos, ha podido exhibir más labor realizada., en beneficio general, que el Perú. Sin embargo, la dinámica que complace á los vulgos puede ser en ocasiones tan dañina con sus consecuencias positivas como la estática con sus consecuencias negativas. Los Congresos, empujados por la presión del medio á multiplicar ~us labores han dado con frecuenda una superabundancia perniciosa de leyes. ;·:El afán de distinguirse ante la opinión general ha .llevado_ á menudo al Eiecuti- vo á desarrollar las fuerzas dinámicas hasta un grado en que se ,produce peligro para la máquina. No es aquello ·que se llama el gran público, 6 sea por ejemplo, el grcte·so -del auditorio de una ó era, el factor que puede saber hasta donde un tenor sea capaz de extender la voz. El artista que
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