El Oncenio de Leguía

- 50 - del Napa; y, de Leguía el _sarcasmo con que miró los principios sagrados que una nación jamás pue- de abandonar sin denigrarse. Leguía y el público Con certeza calcµló Leguía cuanto sumaría en favor suyo · el año más de periodo presidencial que hizo poner en la Constitución del 1920. Al abrirse el Oncenio, el público contempló el nuevo gobierno á la manera.. como la concu- ·rrencia á un teatro contemplaría una obra nueva puesta en escena despues de una serie de obras malas-es dec:ir, con un estad.:> de ánimo entre pe- simismo y espect.acion. La multitud, en el fondo siempre de parte de la justicia, había aplaudido el golpe de mano del 4 de Julio de 1919 m0tivado porque el gobierno de Pardo intentaba arrancará Leguía el triunfo que había obtenido en las elecciones, insistiendo en imponer la candidaturn Aspillaga. Más aquella victoria eleccionaria de Leguía no ha bia sido en sí · el efecto de un entusiasmo popular, sino áe - un juicio de ciertos políticos é intelectualei::. Lo que no vale a veces una pieza teatral por ~u fondo, lo val¿ por su decorado. El régimen de Leguía tomó pronto el carácter de un a de esas revistas que satisfacen por su lujo y alguna destreza en los actores. "Un gobernante dinámico' ' exclamaban las mul- titudes, al ver transformarse rapidamente el pla- no de Lima, renovarse los pavimentos, los edi- ficios, los uniformes, las organizaciones. ¡Bien he- cho! gritó la cazuela cuando un hacha destructora caía sobre to1o lo viejo tle que la gente se hallaba cansada: las Juntas Departamentales, la antigua arist¿>cracia, Ja policía serrana; cuando un brazo enérgico rompía murallas r~inosas y levantaba cosas nuevas y personajes nuevos.

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