El Oncenio de Leguía

- 49 - Con Leguía no había en el gobierno del Perú un hombre que velara por la independencia y dig- nidad del país, no hubo un hombre de carácter, sino un hombre 'débil que toleraba en derredor su- yo á todos los pulpos del fisco; no hubo un hombre probo ante cuya rectitud, sinceridad y entereza se hubiesen avergonzado los fariseos de todas las naciones; no hubo absoluta- mente un hombre !'"uperior á cualquiera de aque- llos gobernantes que defraudaron al Perú de bue- na parte del progreso que por razón de sus abun- dantes recursos naturales le habría correspondido. Hay que tener mucha memoria cuando se pre- tende juzgar el valor relativo de los . varios gober- nantes. Los pueblos se encuentran generalmente en un estado de pleno olvido cuando ensalzan ó vili- pendian á cualquier hombre público. El peligro para todo crítico e5tá en olvidar el mal ó el bien que ha realizado un per.sonaje de que se ocupa, peligro que existe aún en el caso de que no me- die ofuscación ó insinceridad partidarista. ¿Leguía un gobernante superior? Lo hubiese sido si nos hubiese traído, no una patria nueva sino una política nueva en lugar de la política de subasta que siguieron desde el primer día los dirigentes de es- te rico país. Leguía tiene dP Balta las obras de embellecimiento junto ce,n el derroche perjudicial y de Manuel Pardo el despilfarro sin el amor á la cultura. Se hace demócrata, constitudonal, liberal, civilista ó leguiísta, no debe olvidarse de Piérola, su fuga en Enero de 1881 y su actitud contradic- toria al título de Protector de la Raza Indígena; de Cáceres, el Héroe de la Breña, la sanguinaria repre- sión de las conspiraciones revolucionarias y el escán- dalo de los regalos que aceptaba; de Durand la s~rvi- dumbre, que en sus fundos feudales sufrían los inaios; de J. Pardo la disc1Jtible sanción respecto á la trage:iia

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