El Oncenio de Leguía
- 47 - del despotismo de los gamonales, de la arbitrariedad de los capitalistas y del yugo de la ignorancia. Pe ro no - Leguia puso trabas á la circulación del pem,amiento escrito, originó un retroceso en la instrucción fiscál y aumentó el número de estados dentro del estad0 donde no se podía hacer valer la legislación peruana para dar estimación al ciudadano del país y rentas al Tesoro de la Na- ción. Leguía permite que la fundición de la Cerro de Paseo Copper Corpora tion descienda en bu~ca de mayor comodidad de Smelter á la Oroya, extermi- nando el pueblo de la Oroya Vieja, y devaste luego con los mentados Humos de la Oroya los campos de los pequeños ganaderos y agricultores nativos; Leguia es sordo á los clamores del pueblo de Mancora,donde la Pacific Petroleum Company se empeñó en apoderarse de la bahía de Talara, yan- quizando á - la misma hora y con el mismo furor como los araucanos chilenizan el puerto de Arica. ¡Que vale que el Per(t tenga ejército y marina y correo si es bajo la supervig11ancia de extranjeros que se imponen de todos los secretos y resortes de la administración defensiva y administrativa de la República! ¡que valen las bellas promesas de redención hechas al indio, si Legaía no es capaz de apoyar los derechos de un humilde sirviente indígena contra los caprichos de una Señora de Poindexter! Leg-uía en caso de haber sido un gobernante genial, con visión de estadista, habría tenido que emprender una labor de consolidación de la sobe- ranía nacional respecto al interior y al exterior, Aún más. habría tenido que defender á la vez. á todo trance, la independencia de la Améti,ca del Sur contra la hegemonía absorbente de los Estados Unidos de Norte América.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx