El Oncenio de Leguía

- 46 - Y no solo debió haberse erguido Leguía con indig- nación contra aquella cancillería que ofendió al Pe- rú con su pérfido arbitraje, sino que debió em-- prender ]a lucha en defensa de la respetabilidad de la nación y del pueblo peruano contra las empresas monopolista~ á las cuales los gobiernos anteriores habían permitido realizar toda clase <ie extralimitaciones. Pero no, Leguía sigue en tono la táctica de sus antecesores, .llevandolas á un colmo todavía no alcanzado. Igual á todos los gobernantes criticados como malos se esc1a viza con su administración opuesta á las · reglas de una sana economía á los prestamistas de dinero, y en consec~encia llega á estar con el explotador en los campos de irriga.- ción, y en las obras de urbanización, y está con las Compañías Eléctricas Asociadas contra los pequeños propietarios de omnibus y contra los pa- sajeros de tranvía; est4 con el Frigorífico en con- tra de los consumidores de carne y los industria- los modestos en el negocio relativo, y está con la Compañía Sueca de los Fósforos contra el ci uda- dauo pobre. No se trata de negar que en los tiempos de Le- gufa los obreros tenían traba io, las !osalidades mejoraron de aspecto y las comunicaciones gana- ron en mucho, sinó de que todas estas ventajas podrían haberse conseguido, habiendo un régimen honrado, sii-~ sacrificar el porvenir y la respetabi- lidad del pafa. Tampoco se trata de culpar á Leguía por no haber podido restituir Tara pacá, 'l'acna y Arica al Perú, sino de censurarlo por la farsa y el cinismo con que manejó el asunto. Leguía habría sido un buen gobernante, un grctn financista y un gran estadista si hubiesP lo- grado 6 siquiera pretendido, libertar al pueblo peruano de una carg:1 creciente de deuda pública,

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