El Oncenio de Leguía
- 45 - se trama en reconditos concilios de cancillería la nueva esclavitud del Perú •á un amo extran- jero. En el año 1922, año infausto en la his- toria del Perú y la entera América del Sur, se abren las operaciones en Wa~hington para consumar con cabal seguridad el panamericanis- mo soñado en la Gran Repúbljca del Norte, la del garrote ó de la fraternidad hipócrita. La sede del subgobierno del Conquistador está otra vez en Lima, como en los tiempos de la Co- lonia. y la C~ncillería de Washington dirige á través dE:l Mandatario Pf_ruano las negociaciones relacionadas con Chile, Bolivia, Colombia, E- cuador y hasta la Argentina. Yanquilandia no se posesiona, gracias a la terquedad de Chile, del puerto de Arica, comprandolo ó in ternaciona- lizandolo á semejanza de la zona del Canal de Panamá, pero crea una nueva Irredenta en Le- ticia, en la región cuyas codiciadas riquezas han avaluado comisiones científicas yanquis y el di- pl0mático Poindexter. Desapareció el peligro internacional que desde la derrota en San Juan y Miraflores había qui- tado el sueño á muchos hombres del Continente, porque todas las amenazas que nos rodeaban se habían hundido en una sola tumba que ncs ca- vó Leguía, entregando nuestros asuntos, trascenden- tales á los buenos oficios estadunidenses. Si Leguin hubiese sido un hombre superior. Un hombre de temple habría arrojado¡" : venga lo que viniere, el Laudo del Presidente Coolidge al rostro del falso campeón de la justicia. Un gesto como este podría haber encendido en fu:, go de hidalguía , á 20 naciones de habla indígena y española.
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