El Oncenio de Leguía
43 Un Perú sin el grito de ¡"Tacna y Arica"! era tan .iinconcebible como Irlanda con su gri- to ¡' 'Autonomía·'! hasta que Inglaterra escuchara la demanda. Para ahogar ese grito era preciso, bien lo sabría Augusto B. Leguía, hactT de la mente nacional algo nuevo-formar una Patria Nueva sin las antiguas tradiciones naciona- les, ó sea. improvisar una nación que diera todo su p,isado por los artefactos mecánicos que se ím- p-Jrtarian para el mayor embellecimiento de las ciudades y la mayor :comodidad de los habitantes. Ni en 1919 ni en 1921 podría el Gobierno haber presentado al pueblo peruano el proyecto de convenio con Chile que se firmó en 1929. En los 10 años entre 1919 y 1929 Leguía logró , matar lenta y deliberadamente el alma nacional-y á tal costo, obra de Satanás y no de Dios fué lo que hizo. Leguía supo acabar con laGpatriotería que hábía impedido á los gobiernos anteriores ve- rifii::ar compromisos conciliatorios con Chile, y á la vez con un patriotismo que represent~ba todavía . a-lgo <lel Quijote en este país indo-hispano. El Sancho Panza sobreviviente consintió to- das las vulneraciones del sen timiento natural que fueran inferidas durante el Oncenio á la estropeada Patria. Los aplausos fueron estruendosos cuando Le- guía propuso que en la disputa sobre Tacna y Arica fuera el árbitro Estados Unidos de Norte América, arguyéndose que ese juez hubje- ra de ser justo, en concordancia con ]as ca- careadas teorías de Woodrow Wilrnn, y á la vez, bastante poderoso para obligar al cttmplimiento de su lado. Cuando más tarde, en 19'25, ·cho Laudo resultó un bofetón al Perú, la Nación, es- tremecida de asombro, se humilló sin embar- 600927
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx