El Oncenio de Leguía
- 42 - pe Estado descaradamente mentiroso que acaba por hacerse felicitar con motivo del Tratado de Lima de 1929 como si la caurn del Perú hu- biese triunfado, cuando fracasó de la manera más lastimosa. Dos veces Legufa se jacta de haber salvado al Perú de una guerra que él mismo ha pro- vocado con su política equivocada ó perversa: la primera vez en 1U09, cuando se produce el Incidente de la Corona y amenaza luego una Conflagración Suramericana, y se obsequia para prevenir mayores peligros, un enorme trozo con Montaña al Brasil. La sBgunda vez, cuando sus alardes baio el ala protector de Yanquilan- dia el Perú i;e ha hecho antipático en todo el Hemisferio Meridional' de América y el gran Protector al fin y al cabo no sirve de respal- do alguno a no ser en calidad de rematista del territorio. Pues, Colombia, el Ecuador, Bo- livia, alentados con ver que impunemente se puede roer las fronteras de nuestra República, piden ~u bocado simultáneamente con Chile. Hoy que se ha hecho luz sobre las condi- ciones del Tratado Salomón Lozano de 1927, nadie ignora y a los deplorables detalles de este arreglo. Sin embargo. en el momento de la celebración del Tratado, la Nación no tuvo tan- ta complicidad como la tuvo en el caso de la cuestión con Chile, porque exc~pto los loretanos, pocos ciudadanos estaban bien al corriente so-;, bre los puntos de la controversía limítrofe. Aunque , la prenda cedida en el Tratado Salomón Lozano haya sido de un tamaño inmensamente mavor que la entregada en el Tratado de Figueroa La- rraí -Rada y Gamio, la significancia moral de esta última liquidación ha sido infinitamente más grande.
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